Un par de reflexiones
Hay algunos temas que, por evidentes, no acostumbran a sernos familiares como materia de reflexión y los aceptamos, entonces, como cualquier convención de las múltiples que parecen mezclarse como un elemento químico más de nuestro código genético hasta que algún episodio (esa vez tiene que hacer vibrar la fibra personal, tocarnos íntimamente) nos incita irreparablemente a ello.
Me explico: Tengo a un familiar en Los Ángeles (de EE.UU., no de San Rafael) pasando una temporada y ha estado conviviendo en un hogar de origen hindú en el que sus integrantes no han perdido ni sus ancestrales costumbres ni sus tradiciones ni, desafortunadamente, algunos hábitos machistas.
Lo acaecido no supera el estatus de áspera anécdota pero lo trascendente es que me ha hecho sentir, en mi más bárbaro y primitivo atavismo, el racismo, el desprecio hacia el otro por su piel y por su cuna de procedencia.
No tengo una imagen o fotografía del padre de esa familia (el ya convicto culpable, según mi íntima convicción) al cual poner cara y aspecto. Y, por alguna extraña ligazón que ha urdido mi subconsciente, lo he visualizado en el torpe y patoso aspirante a estrella de cine que interpreta Peter Seller en la inolvidable y quebrantanervios película “El Guateque” de Blake Edwards. Y, por asimilación, en toda la etnia que representaba.
¿Cuál es, pues, el origen de toda discriminación? ¿Por qué imputamos las faltas de un individuo a toda una raza o a un pueblo? ¿Qué mecanismos nos arrancan, de pronto, toda la inquina que ya estaba madura para su cosecha en el territorio recóndito de nuestra mente, en el silo donde se acumulan y conservan las frustraciones? No existe aparente razón que yo pueda ofrecer, pero así es. O, al menos, así lo he experimentado.
Este pueblo cainita al que pertenezco, al que todos pertenecemos, ha sublimado históricamente su racismo, su odio hacia los próximos en los moros, los judíos y los gitanos (y, a veces, también en los cristianos). Y, cuando ya no estaban o no incordiaban, primero nos hemos liado a garrotazos en guerras civiles y luego, en nuestros tiempos más ilustrados (¡ja, ja!), la hemos emprendido contra “los otros”: los aficionados del BarÇa, el vecino de arriba, los del municipio de al lado, el coche que nos adelanta… y contra el adversario político, últimamente.
Necesitamos más de una generación, me temo, para que aprendamos a mirar hacia atrás (y hacia adelante) sin ira. Si no, véase el espectáculo -calentito, calentito- de la Comisión del 11-M y a los medios arengando en función de sus exclusivos intereses. ¿Cómo pueden coexistir dos verdades, diametralmente opuestas y discordantes, según leas El País o El Mundo? ¿O serán ambas nauseabundas patrañas servidas para henchir el rencor que nos está asediando a un lado y a otro de las ideologías?
Julio 16th, 2004 at 8:12 am
David,
Los únicos que pueden mejorar esto son los niños, que aun no están viciados por nuestros defectos, quienes aun no han sido manipulados por el bombardeo de información selectiva, y aun piensan que el niño que tienen al lado es bueno o malo (bendita distinción, sin medias tintas) teniendo en cuenta sólo lo objetivo, sin que la balanza del color, la religión o sus costumbres le influyan a tomar la decisión.
Tras los atentados del 11-S, al creador de los teleñecos le preguntaron quédebía o podía hacerse desde la televisión para que los niños no asociaran a los musulmanes con terroristas. El consejo de este señor fue que, en todas las series y dibujos destinados a niños pequeños, se incluyese a personajes musulmanes.
Eso es, para mí, una posible solución. Empezar por los niños, para arreglar la raíz del problema. Se que no arreglará en dos días, pero nos ayudará a sentar unas bases sobre las que convivir.
Julio 16th, 2004 at 8:44 am
Yeyo: Naturalmente que es cuestión de educación…. y de muchas más cosas, creo yo. Habría que trasladar el modelo de sociedad canadiense y preguntarles cómo lo han hecho. Es posible que su corta historia tenga algo que ver al no tener atavismos incardinados. Claro que es una tontería, pensándolo bien: mira sus vecinos del sur.
Julio 16th, 2004 at 8:16 pm
De acuerdo en lo de los niños y la educación, pero el problema no es en los países con posibles, en los que con un pequeño esfuerzo se puede variar la tendencia, sino en lugares como ífrica, donde no hay dinero ni ganas de educar, y son precisamente los que ostentan algún tipo de poder los que mantienen la esclavitud de las mujeres con todo lo que ello implica.