Que me disculpe Eduardo Haro por haber fusilado el título de su habitual columna en “El País” pero no me quedaba otra: zapeando una de estas tórridas y soporíferas tardes televisivas vi / oí la siguiente frase pronunciada por una encuestada en alguna calle de Madrid:
“… no comen, les entra “NEMIA” y luego se ponen “ICONA” en las tetas…”
Puedo garantizar que la respuesta era -pretendía ser- seria. Y no he podido dejar de compartir semejante joya.
Quiero decir que durante ciertos días de verano empleo algunos minutos en observar el espectáculo de la parrilla vespertina de las televisiones, habiendo sido testigo, en otros tiempos, de la muerte de “Chanquete” -incluida la de verdad- en, al menos, siete ocasiones. Ahora el panorama ha cambiado radicalmente, y veo, cada tarde, personajes anónimos (o también populares por algún “reality show” pero que para mí son igualmente irreconocibles) todos ellos hablando de sentimientos, de relaciones personales, de problemas íntimos, de celos, de amoríos inexactos, de cariños inconvenientes, de hijos olvidados, de padres disipados… intentado que sus cuitas, con esa pública notoriedad, obtengan terapia curativa.
No comprendo muy bien de dónde procede ese afán por airear las preocupaciones interiores ni tienen, creo yo, antecedentes en nuestro comportamiento social: antes, se sacaba la silla baja de madera y mimbre al portal umbrío de la casa, se reunía el grupo de comadres y se ponía a parir… a la que faltaba o a todos los maridos habitualmente ausentes del corrillo. Eso era todo.
Será signo de los nuevos tiempos en los que los catetos han sustituido a los sujetos relevantes de antaño cuya conversación informaba, formaba y entretenía sin necesidad de ventilar sus impotencias o frustraciones -principalmente sexuales- como ahora.
Me temo que no sólo en el ámbito televisivo, sino en casi todos, encontramos lo mismo.
¡O tempora, o mores!
P.D. : Eduardo Haro Tecglen ha abierto weblog que recomiendo apasionadamente: http://www.eduardoharotecglen.net/blog/