El nombre de Alhucemas me ha acercado, de nuevo, al olor de las tapas de cartón de una “Enciclopedia Álvarez” entreverada por el humo de la estufa de leña situada en el centro de la escuela y que prendía un enjuto, diminuto y hosco maestro de dedos artríticos y tiznados de amarillo por los cien “Bisontes” sin filtro que consumía al día. A esas manos acoplaba una gruesa regla de madera -que daba más la impresión de soldada que de asida- y que agitaba, amenazadora, cuando explicaba las empresas de los militares africanistas en la guerra del Rif contra el moro Abd EL-Krim.
Ese nombre también me ha recobrado la noticia de un distante terremoto en Marruecos, aprendida en una hermosa radio forrada de madera y tela, con pick-up encajado en la parte superior y con un ojo de buey que irisaba un arco verde y estrechaba sus destellos cuando conseguías sintonizar bien una emisora. El aparato ofrecía a mis retinas infantiles un gran dial con nombres de ciudades entonces tan extrañas: París, Londres, Roma… y que yo silabeaba sentado desde los encerados baldosines rojos de la casa familiar recalentados por un brasero de ascuas de carbón.
Probablemente escribí entonces mi primera redacción, con un novedoso bolígrafo “Bic” de punta de tungsteno (irrompible, aseguraba su envoltorio) que arruinó de manera irreversible mi trabajada caligrafía asentada con plumín y tintero sobre los cuadernos de escritura “Rubio”.
Teníamos familia en Marruecos: unos parientes de innumerable prole que, huyendo de la hambruna que garantizaba el sueldo de maestro nacional, se buscaron allí la subsistencia.
Y recuerdo el sentimiento de fraternidad que esa catástrofe provocó en mis mayores y que me hizo redactar aquella párvula nota.
Hoy, en medio de esta infame campaña electoral, otra hecatombe ha tronado sobre esa oprimida gente marroquí a la que oigo –de nuevo por la radio- lamentarse en un balbuciente español. Y no percibo entre nosotros, entre la gente corriente, la más mínima brizna de solidaridad.
¿Qué nos pasa?
Peligro: mayoría absoluta
Dice Gaspar Llamazares que el voto útil es un "
secuestro de la democracia y de la libertad de expresión" y que la izquierda está representada únicamente por IU. No creo que sea muy acertado por parte del Sr. Llamazares apelar a otro tipo de voto: ¡que no está el horno pa' bollos, hombre!; cualquier voto encaminado a lograr un cambio o a evitar una nueva mayoría absoluta es bienvenido. Y tampoco creo que sea muy acertado excluir de la idea de izquierda a otros partidos, invitando a la desunión.
Dice un titular de un
periódico peculiar que, si se celebraran hoy las elecciones, el PP "se quedaría a cinco escaños de la mayoría absoluta"; cinco escañitos de nada que, previo pacto con Coalición Canaria, situarían al Sr. Rajoy a las puertas de otra mayoría (¡otra!). La esperanza de la izquierda (o, mejor, del cambio) pasa por la unión y la captación de los votos de quienes, no siendo de izquierdas sino de centro, aprecian los riesgos (peligros más bien, y si no
que nos lo cuenten los inmigrantes) de que el PP vuelva a gobernar con mayoría absoluta otros cuatro años.
Ya hemos experimentado largo y tendido el uso que se hace de las mayorías absolutas en este país democrático. Y, en el caso del PP, al uso tradicional se ha añadido una radicalización de las posturas derechistas, con políticas económicas y sociales que tienden a ser (ejemplo de lenguaje moderado...) fiel reflejo de las más exitosas políticas neoliberales. Ya
lo dice el Sr. Rodríguez: El PP ha hecho "la política más de derechas desde la Transición". También el PSOE hizo de las suyas (brutales suyas) cuando se sintió henchido de poder... De ahí, quizá, que ZP hable de "más de derechas".
En fin, que parece que el exceso de poder es lo que tiene: permite que aflore lo peor de uno. Así que me parece sensato abogar por una renovación en el gobierno y, si para eso hay que votar útilmente, pues a votar útilmente.
Arrancamos... o pegamos, bueno las dos
La campaña electoral de las novenas elecciones generales ha comenzado, como suele ser habitual, con la presuntamente tradicional pegada de carteles. Pero pegar pegar, quizás los partidos pobres, los ricos ninguno. Así que arrancar y pegar todo es empezar.
Según publica
El Mundo las 4 principales fuerzas políticas se gastarán en las próximas 2 semanas 30 millones de euros (5 mil kilos de las de antes) a repartir de la siguente manera: PP, 11,4 millones; PSOE, 10,5; IU, seis; y CIU, 2,1. A cuánto le va a costar cada voto a cada partido lo sabremos el día 14.
Pues nada que aquí estamos, todo listo y preparado, para que no se nos escape nada. Esperamos vuestra ayuda.
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