Hoy era el Día Internacional de la Mujer, y aunque "los días de" suele servir para poco, al menos sirven para llamar la atención sobre determinados temas. Visto que el día ha pasado sin pena ni gloria en la campaña, salvo unas palabritas
por aquí y unas flores
por allí, se me ha ocurrido hacerme la siguiente pregunta: ¿cuál es el papel de la mujer en la política española?
La primera respuesta podría ser
minoritario. De los 6.607
candidatos al congreso de los diputados tan sólo 2.251 son mujeres (un 34% apenas, una de cada tres). Alguno puede pensar que no está mal, que tampoco se trata de hacer
fifty-fifty.
Pero si analizamos una a una las candidaturas de las 52 provincias españolas, la segunda respuesta a la pregunta planteada sería
secundario, o secundaria más bien. Y es que esa es la posición más habitual de las mujeres en las listas de los partidos políticos.
Mujeres cabeza de lista de una de las 52 provincias:
Izquierda Unida: 15
Partido Popular: 12
PSOE: 11
Otros:
PNV: de las tres provincias las mujeres no pasan del tercer lugar de la lista.
CIU: en las cuatro provincias las mujeres ocupan el tercer lugar de la lista.
BNG: en las cuatro provincias dos mujeres cabeza de lista.
Partido Andalucista: en las siete provincias las mujeres no pasan del segundo puesto.
Así que aunque se ha avanzado mucho, me temo que a las mujeres les queda aún un largo camino por recorrer.
¿Habrá algún día una presidenta española? Me juego un euro a que nunca antes del 2015.
¿Qué hubiera sucedido si un partido (de los llamados “nacionales”, es decir P.P., Z.P. e I.U.) hubieran renunciado a los ingentes gastos de campaña y los hubieran donado a una ONG u otra organización sin ánimo de lucro? Porque, vamos a ver: ¿no estamos en el siglo XXI? ¿A qué vienen los mítines delante de correligionarios, convencidos, jubilados y demás gentes desocupadas como si perviviera el siglo XIX? ¿De qué sirven los carteles colgados de farolas con la foto (poco afortunada, todo hay que decirlo) de los candidatos? ¿Para qué los comerciales de radio y prensa? ¿Quién guarda las cartas que nos remiten con los sobre y listas electorales? ¿No hacemos zaping cuando llega el momento sublime de la conexión en directo de los telediarios?
El anacronismo de los partidos y sus aparatos electorales sólo indica su menosprecio hacia la inteligencia del pueblo soberano, su miedo a innovar y su pánico insuperable a perder. Es decir: no son dignos de nuestro voto. Ninguno. Por mediocres, anticuados, gallinas, manirrotos, mequetrefes, arrogantes y obsoletos.
Que lo piensen para la próxima, que, quien renueve, tendrá mi voto y alguno más.
Mientras tanto, aceptemos que el tema está así... ¡de rancio!