Como tenía el día atribulado y yermo (después del insuperable reportaje de Pececillo) he viajado -cual inmisericorde adicto a los alcaloides- a mi frecuentada
“Canela Fina” del académico Sr. Anson (sin tilde, please, que el otro día la cagué). Y, ¡oh cielos!, hoy… ¡tampoco tiene desperdicio!
Ahora resulta que nuestro insigne prócer hace bueno el antiquísimo fragmento discursivo atribuido al Generalísimo y que rezaba, más o menos (léase con voz atiplada de "castrato"): “Ayer (nefasto tiempo de la II República, y la acotación es mía) nuestras mujeres vagaban mendigando por las esquinas con sus cuerpos. Hoy (momento sublimes y preclaros de la sangrienta, represiva, oscura dictadura, y de nuevo acoto yo mismo), esas mujeres pueden ser las madres de nuestros ministros…”
Es que al menos por tres veces (como el apóstol Pedro negó a nuestro Señor) se refiere D. Luis Mari a las mujeres de los ministros como seres desprestigiados frente a los putones verbeneros, actrices ombligueras y pezoneras (sic), televisivas-basureras que eclipsan a las muy respetables consortes de nuestros validos. Y el autor se desfoga, se solaza, se esparce, se desparrama sin censura propia ni límite ajeno.
Y yo me pregunto: Luis Mari: ¿quién manda, quién instruye, quién maneja, quién manipula tu denostada televisión…? ¡Los tuyos, majo, los más rancios elencos del P.P.!
Pero Luis Mari, te has sobrado dos pueblos: eso de que “hay rameras a las que se las rifan para ir a las fiestas por encima de las esposas de los ministros” me ha parecido fuerte, pero que muy fuerte; más, incluso, que raro, raro, raro… Joer, que me digas qué tomas que yo no soy capaz de escribir así de los político (de los míos, incluso) ni con la peor bilis negra rezumando por mis comisuras…
P.D. ¿Qué hacemos publicando un weblog cuando tenemos a diario "Canela Fina"? Yo, me retiro...