Como el ejercicio de votar es tan inusual y lo políticamente correcto es callar lo que se piensa, últimamente me he aficionado a toda clase de encuestas que requieren mi opinión anónima (y, por tanto, sincera) con la simple elección entre un sí o un no, a veces tangencial y siempre taxativo, pero que satisfacen el ansia de participación. Y hoy tocaba sobre la boda. No sobre la de mi amiga Elena, que, tras años de convivencia pecaminosa y gozosos niños alumbrados desde el amor más inexacto (el único amor), decidió poner fin a su feliz estatus esta semana pasando por los Juzgados de Familia, si no sobre
LA BODA.
Tengo que añadir que me gusta participar en foros contrarios a mi pensamiento para, primero, perder el escrutinio final (acicate que siempre me priva y estimula mi querencia hacia los vencidos) y, segundo, para dar una oportunidad a que los otros piensen que son más y mejores: eso mismo es lo que yo creo pero al revés.
Puesto que a la hora de redactar este post en la encuesta de "El Mundo" (ir al "link") hay un auténtico empate técnico sobre lo que se pregunta acerca de LA BODA, voy a decir lo que yo pienso: me importa un bledo el amartelado amor que pasean estos adultos almidonados y que las televisiones venden en un marco de novela rancia de los años 50 bien firmada por Corín Tellado. Pero estoy encantado de todo el pasteleo mediático que se ha montado y de lo mal que encajan en Asturias (estuve antesdeayer) el más inocente comentario sobre las princesas de segunda mano: ¡Ahora todas son usadas y, encima, no son asturianas!
Lo de ayer, en "Las Ventas", fue lamentable. Del mismo modo que el comportamiento de la otra televisión de pago (la estatal y las autonómicas nos salen por un pico y sin abonarnos) transmitiendo unos tiernos y entrañables momentos de la pareja mientras los malditos del castoreño (los de la acorazada de picar que decía mi muy amado Joaquín Vidal) destrozaban las hermosas y encastadas reses de "El Puerto"
¡Inefable preludio de la proclamación de la III República Española!
En fin, lamentable. Señor: ¡haz que pase de mí este cáliz! Si venís el siguiente sábado a verme o me buscáis, lo siento: he dimitido de español hasta el lunes, por lo menos. Pero tal vez me regale una crónica de los esponsales.