Ya recordaréis todos (así lo espero) la trama de la obra de teatro atribuida a Tirso de Molina y que inspiró (o plagió, diría yo) a
José Zorrilla en su "Don Juan Tenorio" auque ya no la den en la tele la noche de difuntos, como era hermosa tradición, con nuevo montaje y actores cada año.
Pues pasado mañana habrá, también, convidado de piedra:
D. José María Aznar López.
Después de su
viaje de "estado" (¿lamentable, de rencor, de toca huevos?) a EE.UU. ha regresado a toda pastilla para acicalarse y atusarse bien el bigote y asistir a LA BODA.
¿No hay manera de evitarnos a este marmolillo, contumaz en su pasión por
las torturas y las guerras, en su apoyo incondicional al
socio americano de la familia Bin Laden? Pero comprobaréis cómo parecerá una estatua de piedra; si acaso, alguna sonrisa forzada que se asemejará más a un rictus que a una expresión de alegría. Pero, claro, en el fondo ¿de qué coño tiene éste que reírse si hay tanta
sangre ahogando una boda, igual que la del sábado, y
niños y adolescentes masacrados por ejercer el legítimo derecho a la manifestación y a la protesta? ¿Qué él no es responsable? Pues mira, yo creo que sí.
A éste, por favor, que no le den la
Tarta de Los Príncipes, que se quede sin postre al menos.
No conozco la lista de invitados, pero no estaría mal que, a la hora de los brindis, se levantara un Miguel Ríos cualquiera, como ayer en el congreso de C.C.O.O. (ya sabéis cómo hay que leerlo), y entonara alguna cancioncilla pacifista. ¿Habéis visto la cara de Doña Ana? La de ayer, y la de antesdeayer, cuando Gallardón se abrazó a Trinidad Jiménez celebrando la nominación de Madrid como candidata a organizar los Juegos Olímpicos.
Pues sería todo un golpe? ¡Ánimo, Nacho Cano, que tú seguro que vas!
Mientras tanto, el espectáculo de Irak (lo de Gaza y Palestina, en general, ya no tiene remedio) asusta y ensombrece las mentes menos sensibles. ¡Y el Convidado de Piedra tan convencido de su gran altura de estadista y de su paso a la Historia! ¡Vaya personaje!