Leo en la portada del
ABC el notición del día, por encima de la apertura (o prórroga) de la campaña de las europeas o de la dimisión del farsante Valdano (aquello de que si compras a un argentino por lo que vale y lo vendes por lo que dice que vale, te haces millonario, tiene en él su paradigma).
Pues bien, de nuevo la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, española y de las
J.O.N.S. ha manifestado veredicto condenatorio sobre las intenciones legislativas del gobierno acerca de la clonación de embriones para fines terapéuticos, la ampliación de las causas legales del aborto y el matrimonio entre homosexuales.
Además, declara que
«El Estado no es competente para establecer o ampliar legislaciones que eliminen vidas humanas. Se trata de una injusticia objetiva, que pone en tela de juicio los principios democráticos».Prácticamente no tengo opinión sobre alguno de los tres asuntos si exceptuamos el del aborto, aunque no me suena estridente ninguna de las propuestas. Pero, aquí, lo trascendental es la nueva injerencia de esa organización subvencionada (quiera yo o no, a pesar de la casilla de la declaración del I.R.P.F.) y la amenaza -revestida de admonición- de movilizaciones de masas católicas en contra de las futuras leyes.
Como, de nuevo, han perdido las elecciones en las urnas ahora advierten con quebrar la voluntad popular por la vía de la revolución social y declaran ilegal al estado y a la democracia: estos se están poniendo algo en el moscatel del cáliz.
Sólo nos falta la declaración de nuestra cualidad cristiana en la constitución europea. Me borro. O, como decía el otro, me desapunto. ¿Pero adónde me voy?