Los crímenes del franquismo
Parece que el súper juez Garzón, antes de su retiro americano, quiere dejarnos una guinda de imposibles, de esas que tanto gusta, y sugiere la creación de una comisión que investigue los crímenes del franquismo.
Bien, aunque un poco tarde: se murió hace más de 25 años el principal responsable y, en el transcurso de este tiempo, han desaparecido el 95% de los criminales subsidiarios, calculando a ojo de buen cubero. El resto, además, ya no están en edad penal, así que pueden abrir la sesión, que no pasa nada. Solamente se van a escandalizar y oponer frontalmente los chicos del P.P. (¿cuántos de su papás estarían incursos en causa?) y la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana no sea que se queden sin beatificar lo que resta de mártires (si alguno queda) de nuestra Gloriosa Cruzada. O que se muera el Papa santificador de fascistas, que mucho no le debe quedar a tenor de lo que se atisba o de lo que la Santa Curia tenga a bien prorrogar el tiempo del pontificado.
Personalmente preferiría una ley por la que se prohibiera definitivamente mantener los nombres de las calles de signo franquista tales como Generalísimo, José Antonio, Calvo Sotelo, etc. etc. que tanto perduran en nuestros pueblos y ciudades. Y, por supuesto, la desintegración de monumentos, estatuas, efigies, esculturas, tallas o imágenes de los interfectos. Y ya sabéis qué más: el dichoso Valle.
Bueno, juez Grazón: buen periplo americano y que el imbécil de Bush no deje impronta en sus neuronas. Al menos, la polémica está servida… Esperamos su vuelta, juez.