Hoy comienzan las afamadas y tradicionales fiestas de mi Soria natal. Os narraré los días naturales por los que transcurren:
Miércoles El Pregón:
Evento de relativa reciente invención, implantado por las hordas falangistas dominantes en la España de los cuarenta y que remedaba las proclamas de Juegos Florales y otras zarandajas al uso. Todo consistía en pagarle unos duros a algún fiel y adepto inquebrantable al régimen y que pasara de gorrilla unos días en la ciudad.
Hoy, sin embargo, a las once en punto de la noche, asomará al balcón principal del Ayuntamiento un jurado de Cuadrilla (la mía era la de San Esteban, de la que mi padre fue rumboso jurado) comisionado por los otros once junteros y leerá un texto cachondo que inicia la jarana y las verbenas.
Jueves La Saca
En un campo cercano a la capital se halla el monte de Valonsadero. Allá, a más de pinturas rupestres y hermosísimos parajes, se encuentran pastando los bravos erales que ese día serán trasladados a golpe de garrocha por enjaezadas yeguas casinas (de Las Casas, hoy barrio soriano de extramuros y antiguo municipio pegado a la capital) hasta Soria.
Los lugareños más castas dormitan en el carrascal su primera curda y, al amanecer, contemplan la conducción de las reses hasta la cerrada donde se agrupará a los rumiantes. Los hay que hasta quiebran a pelo y torean con trapillos de blusas o figuradas muletillas confeccionadas con ramas y la otrora blanca camisa, mas roja ya por el tinto derramado.
Doce ejemplares, uno por Cuadrilla, que también a las doce en punto y con el anuncio de un petardazo se les da suelta para que los recojan los caballistas.
Enorme emoción nos recorre a los que, a pie firme, sin engaños y haciendo pasillo a la manada, contemplamos la estampida de los atemorizados animales.
Luego, comida abundante, fresco y generoso tinto en bota y de regreso a la ciudad para contemplar la entrada de las reses.
A veces, antiguamente, se descarriaba uno o dos ejemplares que, encampanados, sembraban el pánico en las callejas para susto de niños, piadosas señoras y ancianos, únicos habitantes que permanecían en la ciudad. Presencié, en mi infancia, más de uno (novillo) abatido a balazos por el mosquetón de un guardia civil.
Después ya, si no hubiere más sobresaltos, suelta popular de vaquillas en la plaza de toros para regocijo de mocitas y entreno de los aspirantes a lidiadores; cena y verbenas por doquier.
Viernes de Toros
También conocido como “Día de los Casados”.
Ese día, completo y con su noche, igualmente se da suelta… a los maridos.
A las diez en punto, primera becerrada con los seis primeros novillos correspondientes a otras tantas Cuadrillas.
El acceso a los tendidos, aunque hay porteros, es libre si bien los paisanos más tradicionales llevamos nuestra entrada reglamentaria, signo inequívoco de que “has entrado en fiestas”. Es decir: que has pagado a tu Cuadrilla y tienes derechos comprados que más adelante enumeraré.
También en otras épocas acostumbraban los pueblerinos, al punto del alba, a tomar sitio en los asientos de sombra y, provistos de sus abolladas fiambreras con sabrosísimos lomos de orza, chorizos de matanza y una gaseosa comprada en el establecimiento de los Lenguas, próximo a la parada del autobús, hacían allí su pitanza, lo que les permitía volver a escoger sombra para el espectáculo de la tarde.
Los más valientes nos aposentamos en barrera, en el callejón, justo en la puerta de toriles. Y nuestro arrojo proviene más por aguantar la marea humana que allí se forma que por el pretendido peligro de una res saltando despavorida hacia corrales.
Lidia, banderillas de lujo que la Jurada bordó junto con el cachirulo, y muerte que suele resultar más trabajosa que gloriosa a causa de la impericia de los toreros que viene para el Viernes de San Juan.
Los tendidos son pura fiesta de sol y vino, animados por charangas que interpretan todas a la vez distintas canciones locales que todo el mundo tararea y que solamente algunos esforzado conocemos su letra al dedillo. Y, mientras se colocan los rehiletes, algunos mozos saltan a la arena y le arrancan los palillos al novillo, trofeo que lucirán ante amigotes y mozas durante el resto de la jornada como prueba de su valentía y pericia.
Por la tarde, a partir de las cinco, los otros seis en el mismo ambiente que por la mañana pero con una carga etílica que dificulta hasta los andares.
Cenas, verbenas, bailes… y a dormirla que el día siguiente trae su guasa.
(CONTINUARÁ: Sábado de Agés, Domingo de Calderas, Lunes de Bailas… )