puedo prometer y prometo

26 de Junio de 2005

Viaje a las profundidades

Archivado en: Vida — D@vid @ 8:01 pm


Si no hubiera estado convidado a las bodas del hijo de un querido amigo nunca hubiera viajado a lo que para mí, conceptualmente, persistía como la España profunda.

Este fin de semana hemos conducido hasta Zalamea de la Serena (sí, la de “al rey la vida y la hacienda se ha de dar…”), cerca de Castuera, nombre de remembranzas infantiles: tuve unos tíos ejerciendo de maestros nacionales media vida. Nunca, ni ahora, visité la localidad, pero sí importamos desde allí, a mi soriana casa familiar, la receta del gazpacho extremeño, excelso alimento desconocido en mi terruño pero que desde entonces se convirtió en imprescindible brebaje para combatir las fatigas de los calores estivales.

Hemos aprovechado para recorrer someramente los interiores de las dos provincias por bien cuidadas carreteras secundarias, y escoltados, sin fatiga, por águilas, cigüeñas, milanos y otras aves rapaces que mi ignorancia impide reconocer y nombrar. Hasta nos ha sido otorgado contemplar cómo cazan en pleno vuelo…

Cada poco, por curiosidad, hacíamos alto en el recorrido o en el paseo. Y en cada puebluco, cuidadas y limpias calles, polideportivos multiusos, escuelas remozadas, calles dedicadas a maestros (¡cuánto dice eso de una comunidad!) y los paisanos…

Tengo la foto: allí, en el rincón de la cantina, un hombre tan renegrido que se camufla con los surcos de la tierra, mirada torva, ojos vidriosos, gorrilla con publicidad agrícola, desafiantemente solitario, las grietas de las manos sobre el vaso de vino de pitarra, rumiando su suerte: ¡Pascual Duarte redivido!

Bien: parece que Las Urdes quedan más como película iniciática que como realidad hoy palpable.

Esto es lo que tiene la democracia y ser miembro de la Unión Europea: ¡que les hablen a ellos de una Constitución más social…!

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