Sorprenderse
Recuerdo perfectamente cómo y dónde vi el primer vuelo de la “Space Shuttle“: era un hermoso abril, del año 81 del siglo pasado, y por cuestiones de formación laboral (¿deformación, quise decir?) me encontraba en París, ya en la última etapa de una prolongada estancia, tratando de adquirir novedosos juguetes para mis hijos a los que todavía podía sorprender porque el mercado no estaba globalizado y las últimas creaciones en Europa tardaban meses o no llegaban nunca a las arpadas estanterías de nuestros vetustos comercios. No pertenecíamos ni siquiera al Mercado Común Europeo y una reciente asonada de bigotudos con tricornio nos había devuelto a una realidad insospechada.
En aquel momento rememoré mis paseos infantiles, acogido en medio de las manos de mi padre y de mi madre, por los escasos veranos sorianos, contemplando el nítido cielo nocturno y, en él, un artefacto diabólico, por soviético, llamado “Sputnik” que brillaba como una mínima estrella y giraba en sentido contrario al de la tierra.
Mientras el nuevo ingenio se envolvía en fuego, unos cuantos transeúntes parisinos y otros extranjeros como yo contemplábamos el majestuoso despegue con una admiración de niños boquiabiertos ante el escaparate de un comercio de modernísimos electrodomésticos en los Campos Elíseos. También pensé en la primera transmisión que presencié por televisión: la boda de un tal Balduino de Bélgica y una monjil aristócrata española llamada Fabiola que tenía un hermano casta y marchoso.
Han pasado veinte años de aquello y cuarenta y ocho desde la visión del “Sputnik”, lo que viene a representar a toda una generación que ha perdido la facultad de conmoverse.
Yo todavía lo hago. Tal vez sea ése el secreto elixir para continuar vivo.
Enero 1st, 1970 at 1:00 am
Amigo Puro, jamás he especificado en quésoy “Uno Más” :).
Hay trabajos que, por mucho funcionario que uno sea, en casa ni en “vacaciones” se ha parado de dar el callo.
Julio 28th, 2005 at 5:10 pm
Sorpresa, sorpresa (coño, parece el programa de la Gemio) lo que se dice sorpresa, es lo que me ha pasado este año con las vacaciones. Resulta que me voy del 5 al 29 de agosto tal que si fuese un funcionario de la capital. Esto no sucedía nunca en mi triste vida laboral, ya que pertenezco a la raza de los pobres obreros de la construcción, que cuando más calor hace más y más (coño, habría que inventar un programa de la Gemio que se llamara así) tenemos que trabajar.
Es admirable que tengas esa memoria que te aporta recuerdos del momento y no como yo que los globalizo (hostia que palabra) y los fundo en el tiempo.
Bueno, besos a todos…todos (no se a que me suena esto último)
Julio 28th, 2005 at 7:41 pm
Julián: a más a más… ¿sabes dónde vi lo de Balduino Fabiola…? En la calle de La Claustrilla, al lado del bar Plata, donde había una tienda con teles… no recuerdo el nombre, pero si hago esfuerzos, seguro que sí. ¿Te suena? Eso es lo que tiene la memoria, para bien y para mal, que tabién aporta su carga negativa.
Julio 28th, 2005 at 8:09 pm
¡Ah, coño: y enhorabuena por las vacaciones de funcionario! ¿Tienes moscosos también?
Julio 28th, 2005 at 8:27 pm
Vacaciones de funcionario, vacaciones de funcionario… ¿hemos tenido realmente vacaciones? ¿hemos sido (y seguimos eméritamente siendo) iguales todos?
Julio 29th, 2005 at 7:54 am
Luego no eres “uno mas”, por que la normativa se hace para los funcionarios y los empleados de grandes empresas y grandes superficies, los demás generalmente no tenemos horario y si lo tenemos lo que no tenemos entonces es sueldo, no tenemos vacaciones, y si las tenemos es como yo este año por un milagro de la logística empresarial. Bueno, vacaciones si, pero a salto de mata y cuando se puede.