puedo prometer y prometo

18 de Agosto de 2005

El aroma de las palabras

Archivado en: Recuerdos — D@vid @ 11:09 pm


(VI) Zascandil:

1. m. coloq. Hombre despreciable, ligero y enredador.
2. m. desus. Hombre astuto, engañador, por lo común estafador.
3. m. desus. Golpe repentino o acción pronta e impensada que sobreviene, comparable a un candilazo.

Zascandil era el adjetivo que aplicaban los colegas a un funcionario de Correos sin que la oculta causa del sin par apelativo tuviera aparente razón o motivo. El burócrata empleaba sus veranos en la muy lucrativa labor de cosechar espárragos riojanos en predios familiares, y ahí me percaté yo de que no medraban pelados y envasados en hoja de lata desde su terruño de origen.

También semejante prójimo decía que solía acudir a disfrutar de sus vacaciones a la costa…

- ¿A qué costa vas? - le inquiríamos.

- A la costa de mi suegra, adónde si no.

Ya, por último, conocido el ardid, nos intrigaba afirmando que vacacionaba en El Resto, como si fuera sitio, cortijo o finca afamada. Mas cuando le preguntabas por la ubicación de ese empíreo, contestaba con risita sardónica:

- ¿Acaso no ves el parte metereológico: en Galicia, lluvias, tormentas en los Pirineos, heladas en Castilla; en el resto, buen tiempo? Pues ahí voy yo.

Por extrañísimas asociaciones de ideas el fulano me recordaba a Fu-Manchu, protagonista de una serie de películas visionadas en la sala Proyecciones, madera en butaca y tarima aromática por suelo, que en otra holganza narraré.

Zascandil me huele al pestilente zotal de los cines de mi infancia y a retretes de mancebías.

4 Responses to “El aroma de las palabras”

  1. lamaladelapelicula Says:

    Zángana, junto con zascandil y vaga es de las palabras que más me han llamado en mi vida :’(

  2. Dixel Says:

    Como te comentaba zascandil me huele a chorizos y morcillas, a morro de cerdo asado, a ovejas, a pueblo.

  3. lamaladelapelicula Says:

    Pues a mi me huele a moscón de verano. Tan irritante, como gracioso en piel ajena.

  4. Yeyo Says:

    A me la dice mi abuelo. También se la dice a mi hermana y a cualquiera que ande de un lado para otro. Claro, que es un cachondo, así­ que nunca se sabe si te está tomando el pelo.

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