El aroma de las palabras
(VII) Amolar:
(De muela).
1. tr. Sacar corte o punta a un arma o instrumento en la muela.
2. tr. Adelgazar, enflaquecer.
3. tr. coloq. Fastidiar, molestar con pertinacia. U. t. c. prnl.
4. tr. Méx. dañar (causar perjuicio).
5. prnl. Méx. frustrarse (malograrse un intento).MORF. conjug. c. contar.
hay que ~se.
1. loc. interj. coloq. hay que fastidiarse.
no te amuela.
1. loc. interj. coloq. Esp. no te fastidia.
V. piedra de amolar
Un primo carnal de mi padre, nacido en El Adehüela de Periáñez (ese es el hermosísimo nombre del pueblo de origen de mi sangre paterna), visitaba cada jueves - día de mercado y que aún hoy lo es- la capital en la que habitábamos ataviado con su uniforme de gañán: boina, faja negra, albarcas y alforjas incluidas, y siempre saludaba del mismo modo al niño que era yo:
- ¡Amante, ven aquí!- y me propinaba una tanda de sonoros y babeantes besos desde unas fauces melladas que mi repugnancia aceptaba porque acarreaban el premio de algunos generosos reales: sin saberlo, ya comenzaba a corromperme…
Enseguida, como producto del espionaje a las conversiones de los adultos, empezó a disgustarme el término, ignorante yo de la corrección y pulcritud del adjetivo referido a los infantes.
Los jueves se infestaba Soria de pueblerinos a los que, de adolescentes y con el ensañamiento burlesco inherente a esa edad, llamábamos “americanos” y que se reunían espontáneamente en los aledaños del bar Torcuato, en la calle de El Collado, resueltos los asuntos que les habían acercado a la capital. Algunos marchaban antes de comer en las tartanas con bacas repletas de jaulas y bultos sospechosos y otros desplegaban en el parque, sobre mínimos manteles de cuadros, en la pinada que inicia el alto de la Dehesa, cerca de una fuente de tres caños con pilón, sus tarteras rebosantes de los sabrosísimos productos caseros de la matanza.
Mucho después he recordado la retahíla de frases y palabras que aquellos paletos proferían en el castellano más puro que se habla en tierras patrias, muy a pesar de vallisoletanos (plagados de leímos, entre otras lindezas) o burgaleses (que mal usan abusivamente del condicional en lugar del subjuntivo) u otras localidades que se arrogan la propiedad inmaculada de nuestro idioma:
- ¡No te amuela! - que hubiera afirmado mi pariente sustituyendo el vulgar “¡no te jode!” o el cursi “¡no te fastidia!” por ese sugestivo, preciso y contundente verbo…
Amolar me regresa los aromas de las cuadras, la inseguridad aventurera de los palomares, el inmenso fresco del heno y la humedad de los ribazos, del infinito misterio de los ríos con peces de mi niñez.