La estrategia del payaso Polonio
A fuerza de ser payaso se olvidó de reír. De hecho, su desmemoria no alcanzaba a ninguna sonrisa infantil o a escorzo de satisfacción sexual: la felicidad es otra cosa.
Terminó de rotular el cartón casi al tiempo que cerraba su equipaje. No tenía inspiración para más literatura: “TENGO HAMBRE”. Fue la mejor creación propia, su más alta iluminación.
Pensó, más bien, que no, que el mayor atrevimiento consistió en suprimir la vocal inicial de su nombre, hiriendo así de muerte a las gónadas de la cuna familiar:
-Apolonio, por Dios: qué mierda de rima si no es con demonio.
Su ignorancia le impedía conocer que el polonio, el elemento, es más radioactivo que el mismo uranio, más letal que el mejor amor, al que nunca se le incitó.
“Tengo hambre”. Con el cartel y la maleta se aposentó en mitad de la calle, inundado de verde y amarillo el rostro y el ropaje.
Los zapatos, no: negros botines de boda o de funeral e imposible el eslogan si la camisa no cubre las carnes ni el cincho abriga la barriga.
Nadie rió; ninguno se burló: por eso anoche perdió su posición, por lo mismo, porque desde que nació le faltó el don prodigioso de atraer a los demás, de que te quieran.
Pasó un día, y otro y otro sin recoger beneficio de esa industria. Pero el odio aglutinado en tantos años surgió efervescente para completar la solución de la venganza:
- ¡Ya está!
Sin merma de esperanza, comenzó a localizar todos los circos del mundo y aplicó su estrategia.
Los periódicos, cada vez más, encabezaban los asesinatos misteriosos e irresolutos de payasos: Polonio había decidido acabar con todos, y en ello se aplicaba con esmerada profusión.
Aquella mañana, su destino por siempre maldito le dirigió a su antiguo circo, a la caravana de su compañero al que había planeado eliminar como espécimen último de una estirpe maliciosa, origen de sus pesares.
Pero cuando llegó, algo íntimo le hirió la intención: desde el remolque se emanaba un denso humo provocado por riadas de pasión.
Escudriñó, curioso, en el interior e identificó a la mujer barbuda, desnuda, gloriosa, gozando del sexo inconcebible.
La prensa lo recogió:
“Aparece otro payaso muerto, aparentemente por suicidio, penúltimo superviviente de esa profesión. No obstante, el cadáver contenía una mueca de sonrisa intencionadamente infinita.”
- Esto da para más - concluyó el redactor jefe mirando la fotografía de Polonio inerme.
Agosto 25th, 2005 at 10:46 am
¡Quélástima, ser el Polonio de tu profesión y no tener el valor de matarlos a todos!
Agosto 27th, 2005 at 2:20 am
le dan una nariz de payaso a cualquiera…Cachis.
A sacarse brillo toca.