11 de Septiembre
Aprendíamos de niños que las facultades del alma eran tres, a saber: memoria, voluntad y entendimiento.
A mí debieron faltarme de nacimiento las dos últimas puesto que no tuve nunca empeño en nada y mis entendederas jamás llegaron más allá de de los sentimientos y las emociones que, incomprensiblemente, no forman parte de ese hálito de supuesta divinidad que distingue a los humanos de las bestias. Así que ya desde parvularios dudé de la existencia de semejante entidad si quedaba yo falto de sus dos terceras partes.
Pero por azares de la genética estoy dotado de una prodigiosa memoria a la que no he encontrado todavía el lado práctico excepto para recitar poemas, aplicar letras de canciones y enumerar las acepciones de algunas palabras ante mis semejantes, sobre todo delante del mujerío que, por otra parte, en nada conmuevo con esas habilidades: qué falta de sensibilidad antes mis exibiciones.
Hay, no obstante, ciertas lagunas en esa mi capacidad que sólo ya de mayor he sido capaz de interpretar. Por ejemplo: olvido con absoluta facilidad el nombre de la gente que me presentan aun a sabiendas de que, por obligación de mi cargo, debería prestar más atención a su identificación.
Esa carencia se denomina anomia y me ha causado auténticos estragos en mi vida profesional cuando alguien, con su mejor sonrisa, se acerca llamándome por mi nombre de pila y soy incapaz de localizarlo en el tiempo y en el espacio: gesto gilipollas me asoma por doquier en esos trances y, hasta sin mirarme en el espejo, me lo distingo porque me arrobo como una damisela.
La conclusión a la que he llegado es que, sin alcanzar la misantropía, el personal me interesa poco y menos, y es por eso que sus nombres desaparecen de mi mente como gotas que resbalan en el deshielo.
Hoy, 11 de septiembre, he recordado que los catalanes celebran la toma de Barcelona y la abolición de su estatuto de autonomía a manos de un rey gabacho, poco legítimo y primer Borbón de la saga.
¡Qué pueblo ese que conmemora las derrotas…! Deben ser cosas de mi memoria, que es arma cargada de nostalgia.
Septiembre 12th, 2005 at 9:52 am
Yo, tengo que decir casi lo mismo en cuanto al recordatorio de nombres, redundando además en el tiempo, es decir, pidiendo a mediadores me actualicen para poder llamar a quien sea por su nombre, y haciendo el ridículo diciendo que si que me acuerdo de él o ella cuando el saludo es fuera del entorno en el que nos hemos visto en otras ocasiones.
Los catalanes hacen bien ya que así no se les olvida de donde les vienen los palos.
Septiembre 12th, 2005 at 10:15 am
El 11 de septiembre de 1714 no se abolió ningún Estatuto de Autonomía, simplemente porque no existía. En todo caso, se abolíeron los restos de un conjunto de fueros de origen medieval, que básicamente recogían los privilegios de las clases poderosas del país.
En cuanto al rey entrante en esa ocasión, seguramente era tan legítimo o tan poco legítimo como su contrincante, el pretendiente austríaco. Si es que los reyes tienen alguna legitimidad real, claro, que esa es una afirmación más que discutible.
En suma, la Historia tiene poco que ver con leyendas, mitos y fantasías, siempre creadas a posteriori al servicio de políticas concretas.
Septiembre 12th, 2005 at 10:26 am
Bueno, Joaquim: era como se llamaba entonces al estatuto, es decir, los fueros catalanes. No me he equivocado, he querido, simplemente y a propósito, actualizar el término.
Conforme contigo en la legitimidad de cualquier rey… hasta la de los Reyes Magos.
Septiembre 12th, 2005 at 10:52 am
Julián: pues no sési tu conclusión será la misma que la mía pero, sin duda, se pasan muy putas y tiene mal remedio. Yo he tenido la suerte de estar rodeado de colaboradores que se acuerdan de todo cristo… Pero sólo eso, como los tontitos que te recitan el santoral de cabo a rabo. En fin…