De la A a la Z
Leía hace unos días lo que escribía el académico y gran columnista Juan Luis Cebrián -reconvertido en poderoso y multimillonario hombre de negocios gracias al roce de la varita mágica de Jesús de Polanco- a propósito de la conmemoración de la coronación del Rey.
Amén de disculpar su condición de colaborador con el asesino Arias Navarro (alias “Carnicerito de Málaga”, apodo que le provino por la “limpieza de rojos” a la que sometió a esa ciudad desde su condición de comisario político del fascismo golpista vía fusilamientos masivos tras la entrada de las tropas rebeldes en la misma) engarzaba, como siempre, algunas perlas ideológicas y literarias que se ajustaron a mi memoria como si desde siempre existiera un mechinal elaborado para albergarlas.
Definía a la oposición como “partido aznarista” y a su innoble y antipatriótica estrategia de acoso y derribo del gobierno como “filibusterismo aventurero”: desde luego no se puede condensar más en menos.
De modo mucho menos brillante yo hubiera afirmado que estos tipos son todo un abecedario: abarcan de la A a la Z: de la A de Acebes - Aznar a la Z de Zaplana - Aznar. En el furgón de cola figura la R de Rajoy - Aznar y, bailando como un torturado por diodos en sus genitales, la P de Piqué (¿sin Aznar?).
Tengo la impresión de que al igual que los bujarrones y las lesbianas prescidieron del pudor para confesar su condición sexual, estos esperpentos inmorales y sin escrúpulos han abandonado el armario para aparecer sin el tapujo del travestismo de las formas democráticas como los auténticos fascistas dictatoriales que siempre, en sus más íntimas convicciones, han sido.
Sin embargo, las frías estadísticas confirman que no aumentan ni un solo voto con su actitud de clientelismo político a cualquier precio. No les basta con cualquier cosa: hasta quieren, desean, añoran el olor a plomo y a pólvora de ETA si eso les aporta un ciego y radical votante más.
Como ha dicho Felipe González, toda esta crispación terminará cuando retomen el poder. Aunque lo hagan bajo el palio de un golpe civil de estado (a los militares ya les gustaría, ya, pero están paciendo en otro pesebre) coronado por mitras nacional-católicas y del Opus Dei.
Después de todo, son sus modos consuetudinarios: a mi no me sorprenden; simplemente, me descomponen.