Abelardo
Poseo muy pocos datos para definir y ubicar al amigo Abelardo. Cuento, básicamente, con la información que proporciona nuestros desencuentros en esta página, y siempre sobre el asunto de la iglesia porque en otros muchos la conformidad es abundante.
Abelardo debe ser un tipo sensacional, de los que entran pocos en docena, y su labor docente y humanitaria en Centroamérica seguro que sobresale por meritoria. Además es paisano, lo que le cualifica para obtener, de modo sincero y gratuito, mi aprecio: somos tan pocos los sorianos que debemos protegernos los unos a los otros como especie en extinción.
Y me dijo, ayer mismo, uno de los halagos que más me gustan: que escribo bien (es que soy un coquetuelo y pelín engreído; vamos, pecados de vanidad y de soberbia según los términos católicos, de modo que si averno hubiere allá que me esperan).
También me ha llamado, elegante y discretamente, necio; lo cual puede ser tan radicalmente verdadero que no gastaré una línea en desmentirlo. Solamente añadiré, a mayor abundamiento en su razón, que no parece lógico que alguien con mi posición laboral y social, peinando incalculables canas, sostenga una ideología como la mía que, reconozco, roza y sobrepasa el desorden mental patológico. Pero es lo que hay.
Me temo que Abelardo, por su lejanía, no escucha la C.O.P.E. ni lee los panfletos que redactan los sicarios al servicio del odio y de la crispación. Y eso no es cristiano y sí constituye cuerpo de ultrajes inmundos contra quienes comenten (cometemos) por infame delito el no pensar como ellos. Y, encima, subvencionado con mis impuestos. Tiene guasa el tema.
Mi infancia transcurrió plácidamente en las calles y afueras agrestres de mi Soria natal, en una libertad cuasi anárquica, y sólo pasé un par de años o tres en colegio de frailes porque mis dos hermanos mayores, expulsados del resto de instituciones de enseñanza de la capital, lo hacían allí. Y el tercero, que soy yo, no cotizaba o pagaba la mitad. Algo así. Y preservo de aquella etapa muchos más recuerdos afables que traumáticos. Aunque sí hay un par de episodios a anotar: una tremenda paliza, con palo, que me propinó un desalmado psicópata por no recitar de carrerilla la segunda declinación de latín y el intento de meterme mano de otro frailón pervertido: no llegó a nada, exclusivamente a conato porque andaba yo ya advertido. ¿Y por eso califico a todos los católicos de esa guisa? Pues no. Pero esas actuaciones son todo un síntoma definitorio del clero y sus prelados.
Un par de matices, paisano: he decidido dejar de ser políticamente correcto e, intentando guardar las normas básicas de educación, expresar lo que realmente siento aunque me cree ojerizas, enemistades o animadversión porque ninguna ventaja he obtenido apareciendo moderado y con la lengua tarascada. Y la iglesia católica en este país no solamente carece de razón sino que ha emprendido un peligrosísimo camino implicándose políticamente, alentando la crispación y la división, alineándose sin disimulos con los ricos y los poderosos y con todos los filofascistas que no han aceptado los democráticos resultados del 14M (Partido Popular y votantes aledaños). O sea, lo contrario que predicó Jesucristo, creo recordar.
Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios: un abrazo, compañero, y adelante con tu admirable misión.
Noviembre 13th, 2005 at 7:13 pm
Estimado David
En primer lugar, muchas gracias por tan hermosas como exageradas palabras sobre mi labor. Realmente me he ruborizado.
Yo nunca pretendí ensalzarla sino ponerla como ejemplo de primera mano de uno de los buenos usos que tiene parte del dinero que el Estado da a ongs vinculadas a la Iglesia. Otros habrá mejores y peores.
En segundo lugar, mis disculpas por no haber escrito algo que penséy que ahora reproduzco: “tú no eres necio, sólo fueron necias tus dos últimas palabras del artículo anterior” Y ahora añado que dejarían de serlo si en lugar de dirigírnoslas a todos los de la Iglesia, lo fueran sólo a esos dos frailes indecentes de los que hablas.
No pretendía que sacaras trapos sucios, sólo provocarte.
En tercer lugar, decir que no todos los que estamos dentro de la Iglesia somos borregos que tragamos con los antisermones envenenados de Losantos (yo tengo la suerte de no oirlos). De hecho las críticas más fuertes y lacerantes a la Iglesia las he leído de la mano de gente de dentro (declaraciones de Cristianismo y Justicia en El País 11/nov pag 35, revista El Ciervo n°646 enero). Siempre es más certera una crítica hecha desde los valores fundamentales de una doctrina que desde la trinchera enemiga.
En cuarto lugar, por muy políticamente incorrecto que te hagas (o que sigas siendo), no conseguirás ni mi ojeriza, ni mi enemistad ni mi animadversión.
Porque, igual que me niego a ceder a la crispación que tú criticas, también me niego a ceder a la que tu alimentes.
Porque creo conocerte algo y séque detrás de esa aparente mala leche, no hay más que ganas de polemizar, hacer el blog más interesante (ya casi sólo escribes tú) y lograr cierta gracia literaria. Yo, en mi modestia, tamhién he caído en eso alguna vez.
Y porque, a pesar de nuestros desencuentros, me caes bien.
Y si ninguna ventaja has obtenido apareciendo moderado, mostrándote políticamente incorrecto sólo se me ocurre una: que yo deje de molestarte.
Amigo David, muchas gracias de nuevo.
Noviembre 14th, 2005 at 8:06 am
Hombre, desde tan lejos y me has descubierto… ¡cachis!
No hay en mi escrito ni brizna de molestia por tus palabras ni tono irónico, en serio. Salió así, simplemente.
Seguiremos polemizando, que algo últil siempre queda.
Noviembre 14th, 2005 at 6:05 pm
Como en casi todo , lo cortes nunca quita del todo lo cabal.