La nausea
Me asaltan últimamente sustantivos y calificativos referidos todos a la repugnancia que la realidad me provoca.
Hoy termino la jornada con una desazón interior, con un inconformismo hacia la naturaleza perversa del ser humano que solamente me invita a alojarme prontamente en mi cama, olvidar y esperar a que mañana amanezca otro día preferiblemente mejor.
Cuantos más datos se nos ofrecen acerca del oprobio que está cometiendo el deleznable Bush y sus secuaces con cualquier sospechoso de haber maldecido el día en que lo concibieron, más asco me provoca el tiempo en que me ha tocado vivir.
Ya hay un caso confirmado de un inocente ciudadano alemán al que retuvieron ilegalmente y, seguramente, sometieron a tortura por el delito, supongamos, de lucir una palestina en su cuello. Esa es la razón principal por la que me opongo visceralmente y activamente contra la pena de muerte: uno solo, un único error en administrar el asesinato legal a un limpio ciudadano descalifica para siempre tan horrible condena. Pero además persiste el principio moral contrario a arrebatar la existencia al prójimo, sea reo de lo que fuere ante la arbitraria e inexacta justicia.
Comienzo a rememorar los días previos al nazismo y al fascismo en los que como eran otros los damnificados se miraba hacia otra parte. Y observo nuestra época con la misma desazón y pesadumbre: finalmente padecieron todos, sufriremos también todos.
Quizás consistía en esto el concepto de abandonar el rincón de la historia que tanto pregonaba orgullosamente el mendaz y farsante Aznar. Tal vez se trataba de eso precisamente: convertirse en cómplices del más atroz, desmedido, repugnante y sanguinario sistema político que nunca se haya concebido: la inmunidad de la barbarie.
Deseo, ambiciono, aspiro a que se clarifique verazmente nuestra intervención en los hechos y que se constate que no hemos sido partícipes de esta crueldad. Ni tan siquiera por omisión.
Tal vez la nausea universal no me permita descansar esta noche. Aznar y sus compinches, los obispos y la gente bienpensante y de orden lo harán a pierna suelta. ¡Que el diablo los confunda!
Noviembre 15th, 2005 at 11:05 pm
Es la gran ventaja del miedo, con el divide y vencerás se llevan creando imperios desde Julio Cesar y cuando te das cuentas…Las campanas redoblan por ti.
Ya sea por acción o omisión y más deleznable es la omisión, nuestros mayores se pelearon porque tuvieras ese poder de acción que ahora evitamos y del cual nos desvinculamos…
Tiempo al tiempo para que vuelvan a doblar las campanas.
Noviembre 15th, 2005 at 11:25 pm
La pregunta de siempre: ¿por quién doblan las campanas…? Mientras eres tú el campanero, claro.
Noviembre 16th, 2005 at 2:01 am
Que se lo digan a los franceses hoy mismo,
A los agricultores y pescadores hace unos dias, a los estudiantes y trabajadores en breve…al final nos alegramos de mantener unas migajas de lo que teniamos…