El telefonino
La evolución animal se perfecciona con la pérdida de órganos y elementos corporales infrautilizados, como el rabo (el de detrás) en el caso del espécimen humano al erguirse sobre dos patas, y del mismo modo se desarrollan otros que permiten afrontar con éxito el medio en el que la especie intenta prosperar. Es probable que, finalmente, se malogre la cola (la de delante) dada la atrofia y desuso que los machos hacemos de ella.
Me he preguntado largamente y sin resultado e inquirido por lo mismo a mis amigos acerca de cómo podíamos sobrevivir los cavernícolas que nacimos el siglo pasado sin la existencia del teléfono móvil pues es artilujio que se ha convertido en apéndice imprescindible aparentemente crecido en la palma de la mano, próximo siempre al dedo pulgar sobre todo en las generaciones más tiernas.
Ahora parece que el “telefonino” (así lo denominan acertadamente los italianos) también es indispensable en la muerte: los establecimientos irlandeses de pompas fúnebres (qué inspirada denominación) han puesto de moda yacer en el catafalco con el dispositivo de marras: es el pretexto por si te hincan bajo tierra aún vivo, en estado catatónico, y despiertas con el traje de madera ajustado sin tener a quién acudir.
Pero ahí se produce el dilema: primero, debes resucitar antes que Cristo porque la pila del aparato no resiste más de treinta y seis horas. Y segundo: ¿a quién llamas? ¿A tu presunta viuda que tal vez esté holgando con su amante de siempre o con uno ocasional y mejor dotado? ¿A tu suegra, que te odió cordialmente mientras te mantuviste sobre el humus y es capaz de acudir a rematarte bajo él? ¿A tus hijos, que a esas horas te han heredado y están en pleno jolgorio y dispendio de tus ahorros? ¿Al 112? ¿Cómo se lo explicas, y con las prisas de la batería a punto de agotarse? ¿A tu mejor amigo, que a lo peor lo matas del sobresalto? Y tampoco puedes acudir a tu jefe: ese cabronazo te solicita explicaciones y razones hasta que la batería se extinga. Ni a los colegas del trabajo por envidiosas razones que son obvias. Es decir, estéril tarea.
Lo mejor va a ser que, todos de acuerdo, incineremos ese invento diabólico que exclusivamente tiene una utilidad: que tu esposa malogre la partida con los amigotes o que tu jefe interrumpa el único orgasmo del que has gozado desde el pleistoceno (con su señora de él, claro).
Noviembre 17th, 2005 at 3:12 am
Aqui en España, somos más terrenales , después de los cementerios deluxe para nuestras mascotas , la última novedad que conozca es la de una funeraría barcelonesa que estaba en conversaciones con el F.C.Barcelona para habilitar una superficie anexa al campo del Nou Camp(estadio del F.C.Barcelona) para que en esta puedan descansar las cenizas de aquellos que lo soliciten.
PD:Hace unos años , un individuo iba al campo del betis con cenizas en un tetrabrick..por puro deseo del fallecido y nos reiamos en el vetusto Día después…años después…podrá ser posible.
Noviembre 17th, 2005 at 5:14 am
Leí algo sobre suegras???
jajaja
LLevo unos cuantos post hablando sobre el tema… ODIO A MI SUEGRA!
Si queres pasa por allí.
Nos leemos.
Noviembre 17th, 2005 at 7:45 am
Lo del tetrabrick lo vi en la tele hace tiempo y me pareció que solamente en Sevilla, y en el campos del Betis, se podía dar un fenómeno semejante. Simplemente genial!