El trastero
Antiguamente el trastero se conocía por desván y se constituía en lugar mágico cerca del cielo, desde el que divisabas a mano la luna en noches veraniegas y venturosas, y descubrías el grito del tiempo acumulado en los goznes de los baúles repletos de absolutos arcanos.
El desván era territorio infantil, oculto y vedado, en el que se encimaban los mejores tesoros de vidas anteriores, cercanas, intuidas o narradas, pero con intenso, perseverante aroma familiar.
La estéril avaricia de los hombres acumulaba lo mejor en ese sitio y nadie permitía su alcance: así atravesábamos nuestra primera trasgresión.
Desaparecieron con el polvo de los vientos los desvanes y vinieron destartalados habitáculos a llenar su espacio. Hoy los trasteros sólo almacenan al ser inconsútil que molesta y retazos de un pasado que nunca mejorará el mañana.
Hace un rato bajé al trastero y no pude rescatar mis añoranzas.
Febrero 13th, 2006 at 11:25 am
Y lo que es mas grave, tampoco las añoranzas de tus mayores.
Yo no tengo trastero, pero sí algún resquicio de recuerdo adosado en un reló y alguna otra cosa.