puedo prometer y prometo

21 de Abril de 2006

La Guardia Civil

Archivado en: General — D@vid @ 9:55 pm

En cada ocasión en la que por fas o por nefas se cuela incoscientemente en mi redacción el nombre de la guardia civil (como en el post anterior), inmediatamente me veo fisgoneado desde alguno de sus centros de vigilancia que otean la infinita e incontrolable sima libertaria de Internet.

Me parece un acto estéril (ya lo he dicho en otras ocasiones) en el que, además, se dilapidan mis impuestos y los de mis conciudadanos para un fin insustancial, existiendo asuntos mucho más urgentes, inmediatos y graves que perseguir.

Pero para que de una vez por todas dejen de merodear por esta humildísima e inofensiva página que en nada va a ensanchar su ya por siempre oscura y macabra historia, voy a contar una anécdota, de la que soy actor conscientemente protagonista, para que cotejemos en qué tareas emplean las soldadas que en ellos invertimos y en qué buscamos divertimento los cachondos descreídos, rojos y gentuza atea como yo que nunca hemos confiado ni en Dios ni lo haremos, presuntamente, siquiera en la guardia civil.

Transcurrían los años finales de la década de los 80 en los que la náusea, la podredumbre, la asfixiante corrupción (Roldán era el amo del tricornio, consentido y ayudado por sus corruptos subordinados) invadían todas las atmósferas en la que resultaba imposible respirar si no lo hacías con la mascarilla de la indiferencia, de la ignorancia o de la inmoral justificación. Por entonces se convocaron las primeras elecciones para el parlamento europeo a las que yo me negaba a acudir como acto final de rebeldía, de íntima e individual protesta. Pero mi gente se empecinó en aplicarme el mismo principio democrático que, en otras ocasiones, yo había impuesto. Así que tuve que ir al colegio electoral y votar.

Una de las ventajas de esos inútiles comicios es que habitualmente se dispone de una diversa y divertidísima lista de opciones entre las que, en aquel año, se encontraban, entre otras, el Partido Humanista (los fieles de Tamames), la cuadrilla de Ruiz Mateos y los de HB (los etarras, para entendernos). Bueno, pues yo, con toda la coña y mala baba posible, deposité mi voto para éstos últimos, sin tener remota conciencia de sus futuras, benéficas y sociales consecuencias mas sí del inmediato efecto de cabreo que encendió a mi señora cuando le mostré la papeleta elegida instantes antes de introducir el sobre en la urna, ya sin posible remisión.

Algunas semanas después se publicaron los datos completos y detallados de las votaciones del pueblo en el que habito con el resultado consabido de: Partido Popular, novecientos mil por ciento de escaños; Socialistas, unos pocos; otros, insignificante; y HB, un voto… ¡Coño, el mío!

El comandante del puesto de la guardia civil confió en que al fin había llegado su hora y podría convertirse en un nuevo General Galindo encarcelando al malo del pueblo. Así que, en una demostración de suprema intuición e inteligencia, de sabia investigación eliminando cuatro mesas, tres secciones y un par de listas alfabéticas, cercó el voto etarra en dos manzanas del casco urbano. Y allá que destinó por más de veinticuatro meses a dos coches de la benemérita, día y noche, en horario continuado, a vigilar los alrededores de mi casa familiar y los movimientos que se producían. El más sospechoso, creo yo, fue el de comprar el pan y El País los domingos.

Nunca tuve ocasión de agradecer al cuerpo la vigilancia gratuita con la que protegieron durante esos dos años mi hogar mientras se cometían robos, hurtos y tropelías en las vecinas y más lujosas urbanizaciones de gente de mucho más orden, amantes de las tradiciones y de la guardia civil que yo. Pero así es la vida: unos, algunas veces ganamos y otros siempre pierden… ¿o era de otra manera?

Por supuesto que nada descubrieron los sagaces agentes y desconozco si fue el relevo de la máxima autoridad del cuartel o la esterilidad de sus pesquisas lo que terminó con mi escolta gratuita. ¡Lástima!

P.D.: Tate, tate folloncicos; joder qué miedo: añadamos unas cuantas entradas a esta bitácora desde el Ministerio del Interior, hoy comandado por el muy demócrata Rubalcaba: ¿a que no nos vas a hacer pupa…?

3 Responses to “La Guardia Civil”

  1. La caminante Says:

    Muy atrevido

  2. David Says:

    He ahí­ la cuestión, Caminante: ¿por quélo encuentras tan atrevido? Todaví­a nos cagamos cuando oí­mos simplemente el nombre de la institución armada. ¿Por quéserá?

  3. adiskide Says:

    Son tan graciosos…algunos efectivos, los trajes de gala con parafernalia catolico militar deberian ser ya folclore estatal.

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