Los Tramposos
Siendo muy niño me quedé solo por primera vez en mi casa paterna por culpa de la salida nocturna de mis padres y hermanos para asistir a la proyección de la película española “Los Tramposos” cuyo argumento trata sobre las aventuras de dos golfos madrileños que sobreviven con el “toco mocho”, apostando como “trileros” o del timo de la estampita durante la eterna posguerra española.
Nunca les perdoné, posiblemente más por el amago de engañarme y no informarme de sus intenciones que por las turbaciones de mi indeseada soledad: seguramente me quedé dormido mucho antes de que mi familia se ausentara.
El caso es que los comentarios que escuché al día siguiente acerca de la película, el argumento, la interpretación de los actores, me impactó de tal modo que comencé a sospechar que los timadores eran los buenos y las víctimas engañadas realmente los fulleros. Ya, más adulto, siempre tuve la convicción moral de que ambas conductas merecían ser reprimidas y condenadas pero con mayor rigor la de los presuntos engañados.
No muchos años después se inauguró la época de los fraudes franquistas (así las denomino porque eran hombres del régimen los implicados) con el asunto Sofico, los aceites de Redondela y los telares de Matesa con sus derivaciones e implicaciones en el Opus Dei. Más tarde comenzaron las estafas bancarias de las remuneraciones con extra tipos ilegales para depósitos dinerarios sin declarar (Banca Catalana y Jordi Pujol supieron sobradamente de esas prácticas) y otros fraudes de menor impacto económico y calado social.
Todos aquellos escándalos y corruptelas tuvieron un efecto contrario totalmente positivo: la creación de un sistema bancario tan seguro y fiable que hoy no tiene parangón en nuestro continente ni, posiblemente, en el mundo. Eso sí, a costa de la dotación de fondos de garantía que pagamos, de un modo u otro, todos los españoles en favor de los plutócratas.
Sin embargo los paisanos, desde nuestro poso siempre pícaro y tramposo, seguimos pensando que somos más listos que el vecino y cobramos los euros a doscientas pesetas. Lo que no es admisible es que pervivan chiringuitos financieros y entidades como Afinsa o Forum Filatélico con un nivel de control prácticamente nulo por parte de los estamentos oficiales.
No deseo la ruina de nadie (bueno, la de Botín sí pero esa afectaría, seguro, a mi bolsillo, así que tampoco) pero a mí que no me pidan pasta para cubrir el desfalco de esos golfos que ocultan miles de billetes de a quinientos en falsas paredes. Y los afectados, que se hubieran aplicado aquello de que nadie vende duros a cuatro pesetas: los auditores y las aseguradoras ya estaban sobre la pista. Y eso es información pública al alcance de cualquier inversor.
A espalibalar mientras no tengamos amparo legal.
Mayo 14th, 2006 at 1:21 am
Si auditores y aseguradoras..ya veian esos indicios y tanto desde el sector privado como público se les ha dejado crear tal burbuja es que algo huele a podrido.
¿Cuándo reventará la inmobiliaria?
Espero que pronto y así todos al río.
Mayo 30th, 2006 at 7:42 pm
Dicen que la siguiente es ING. ¿Os lo creeis?