Vacaciones
Faltan escasas horas para que inicie un periodo vacacional que siempre adoro: mis hijas y mis hijos, a pesar de los años, continúan viniendo con nosotros, ahora por voluntad y gusto propio y, supongo, por las comilonas a las que invito rumbosamente en esos estíos. Y no termino de tomar la decisión: nos llevamos el portátil o que se derrita al calor del horno que le espera en mi salón de Madrid; desconectar o soportar toda la bazofia interna y externa que se recuece en este insoportable verano.
La realidad es que acabo de leer un artículo de Vargas Llosas (pobre novelista y gran intelectual y articulista, a mi entender) sobre la situación en Oriente próximo y, heme aquí, que firmaría línea a línea lo escrito por el autor peruano. Aparate del estilo, claro, que simplemente lo admiro.
Yo también anduve hace no demasiados años por Israel y sus contornos y regresé con la misma impresión, con los mismos encontrados sentimientos que me incapacitan para tomar ninguna posición radical a favor o contra alguien: efectivamente, en los matices pudiera estar la verdad, como afirma Vargas Llosa.
Lo que no entiendo, lo que mi escasa información no me aclara, es qué intereses se esconden tras toda esta tragedia de muertos inocentes para que nadie imponga la ley de la cordura y evite la nueva tragedia tantas veces repetida.
O sea, que nos vamos con el portátil a cuestas y a esperar que la serpiente muerda a la sucia y carroñera gaviota del PP. ¿Con eso nos confortaremos? A la vuelta hacemos balance.