Para mi sobrina Ariadna, a la que en 26 años nunca felicité por el día de su cumpleaños, con el deseo de que alguna vez me perdone y me frabrique un hilo que obture definitivamente la salida del laberinto de los sueños.No hay razón vergonzante u oculta por la que silenciar o disimular la fascinación que de niño me paralizaba largamente ante los bastidores de un circo o las traseras de las barracas de feria instaladas con motivo de algún festejo o celebración local. Sobre todo si, como era habitual, se cruzaba mi interesada mirada con la de otro semejante de parecida edad que me forzaba involuntariamente a contraponer la vida arriesgada y azarosa que de ellos yo imagina y la mía tan monótona y exenta de aventuras en una ciudad provinciana, en la más pequeña capital española de entonces. Pero no recuerdo haber compartido con nadie, ni antes ni hasta ahora, esa atracción tan tempranamente arraigada y acerca de la que tantas veces he meditado y hallado como causa última de muchos de los episodios de mi existencia posterior y real, y de por qué han acaecido.
Figuraba yo su cotidianeidad como permanente mudanza y cambio, de cortos o largos viajes, siempre desarraigados, dejando tras de sí cualquier afecto o defecto sin consecuencia o responsabilidad que les sometiera. Y sin escuela ni secuelas, sin horarios ni disciplinas, sin prestamista que demandara deudas a su padre, sin enfermedad porque no gozaban del padecimiento de médico, solamente asistidos por ungüentos y consejas... Viviendo, simplemente.
Y yo siempre los valoré superiores a mí: aun sin intercambiar palabras sentía de modo punzante su actitud altiva y desdeñosa porque jamás prestaban atención a mi presencia, absortos en sus juegos o también en sus tareas mientras yo trataba de adivinar cuál era la dedicación o el esparcimiento por aprender el oficio o la diversión y por si alguna vez me invitaran a participar en sus asuntos.
Ya de mocete púber, en plena época de febriles idilios platónicos, apareció un chavaluco algo mayor, encargado de ordenar y orillar los coches desocupados y abandonados en mitad de las pistas de autos de choque, que se dirigió varias veces al grupito de adolescentes que allá inmolábamos nuestras indecisas y yermas tardes escuchando y acompañando repetidamente las canciones de moda. Siempre le contesté a pesar de que en mi escala de valores su actividad se situaba en el más bajo de los rangos: me incomodaba el pavoneo y la estéril demostración de manejo que hacía delante de las pandillas de mocitas que nosotros pretendíamo y los groseros piropos que les dedicaba y que, para colmo, a las chicas parecía no desagradarles a pesar de un ténue y artificial rubor sobrevenido.
Pero el secreto de mi breve amistad con aquel muchacho lo guardaba su hermana, una bellísima niña morena que idealicé como si fuera Esmeralda escapada de Notre-Dame, por la que sufrí un devastador flechazo que, ya desde entonces, me hizo comprender que el amor no está exento de quebrantos y mermas: como era la taquillera de los coches de choque, gasté todas mis escurridas propinas en solicitarle fichas que luego economizaba aguardando la ocasión de compartirlas con alguna de las otras chicas y así provocarle celos: ¡qué ingenuidad!
Nunca habló conmigo ni me regaló una efímera mirada. Pero yo sí me uní voluntario aquella vez a su tropa y durante ese estío vagué en sueños con ella de pueblo en pueblo, aparcando con pericia los coches cerca de su garita desde la que me sonreía.
Probablemente fue el último verano para mi inocencia.
En mis innumerables viajes a lo largo y ancho de los atascos de las calles y carreteras madrileñas en permanente obra, acostumbro yo a distraer mi camino con los informativos radiofónicos matinales aunque ya desde la reparadora e indispensable ducha, más temprana, me son familiares todos los titulares y noticias. Y si el tráfico es muy pesado llego a los inicios de las tertulias alimentadas por esos sabios intelectuales que no únicamente de todo peritan sino que siempre poseen la razón absoluta. O sea, un poco como yo pero, en mi caso, sin cobrar.
Escucho un par o tres de emisoras: la Cadena Ser, eventualmente Radio Nacional y Onda Cero. Ésta en último lugar para que su sesgada opinión me haga entrar con el suficiente grado de mala baba a la oficina y que mis subordinados adivinen un rictus en mi semblante, un punto fiero en la mirada que les obligue a emplearse en sus tareas sin avisar más consignas. Si ya quiero armar la zapatiesta, defenestrar a alguno o que me permitan leer la prensa e indagar por la red en calma y silencio total, oigo cinco minutitos antes la Cope. Más rato sería nocivo para mi salud mental y para el bienestar y prosperidad de mi familia.
Aquella rutina, por la insufrible reiteración de los asuntos comentados, también me posibilita meditar absorto mientras conduzco (cualquier día me la pego) y hasta, en contadas oportunidades, recordar trabajos o gestiones pendientes que resolver en el inicio del día: tal es la dilación que me lleva la incorporación a mi despacho. No tengo que reseñar las naderías que igualmente me asaltan en ese intervalo y que, mayormente, luego pergeño y reproduzco aquí.
Una de ellas me ha venido hoy a las entendederas con motivo de la ligereza, artificialidad, falta de rigor y de precisión y modo aleatorio con que utilizan los contertulios las palabras y muy últimamente estas: nación, país, estado, patria: les es totalmente indiferente el uso de esos términos, aplicando el concepto de unidad política al correcto de tierra natal o viceversa o cualquiera de las azarosas combinaciones que con los cuatro conceptos, confusamente mezclados, se pueden realizar. Y es que tan eruditos y versados individuos, licenciados en todo y conocedores de nada, incapaces de sonrojarse ante las majaderías que sin disimulo (y en demasiadas ocasiones con mala leche y ánimo lacerante) sueltan al éter, solamente son justificables por su oficio de ganapanes y protegidos o recomendados de un partido u otro, según el signo ideológico de la emisora. Son tan negligentes y zánganos que ni consultan el diccionario a fin de evacuar dudas, y tan cortos, tarugos y encogidos que ni se informan más allá de lo que sus correligionarios opinan.
Luego, en el café de media mañana, observas cómo pajea el personal y pronosticas, sin ápice de duda, a quién han escuchado. Lo peor es que sin ningún tipo de asimilación, sin desbastar los criterios expuestos, hacen suyas las consideraciones proferidas como dogma de fe. Así nunca aprenderemos a pensar por cuenta propia, a ser libres.
Hagamos un pequeño esfuerzo e ilustrémonos con las definiciones que la RAE nos ofrece sobre los vocablos que antes mencioné. Verán qué divertido.
Se les caen los palos del sombrajo
Si hace un par de meses alguien me pronostica que estaríamos próximos a una profunda crisis en el Partido Popular, con Mariano tambaleándose, Piqué a punto del abandono y el partido arrojado a los extramuros parlamentarios en Cataluña; si me cuentan que el bellotero Ibarra permanece quedo y asolado, con Chaves imitando al mejor muñeco de su genial guiñol de Canal+; si me hubieran descrito la foto de la escalinata de Moncloa con Artur Mas dándose piquitos con ZP mientras el onagro Carod cocea a la tramontana por arrebato de cuernos; si me aseguran que Marí Espe se frota las manos y el espíritu; si algún iluminado me garantiza que se cierra la negociación sobre el estatuto catalán bordeando pero sin sobrepasar los límites de la Constitución; si, además, me cuentan toda la historia de golpe, me da un cólico de satisfacción que obliga a los galenos a someterme a purga intensa y salutífera.
Item más: si me describen la estrategia del referendo (que es rechazada por cualquier neófito aprendiz de primero de constitucional) como arma para contrarestar el triunfo socialista, me colapsa un ataque tal de hilaridad que termino interno y bamboleándome en casa de salud mental. Lo que hiela la risa es la carga de confrontación y peligroso obcecamiento que puede producir semejante acción: la ira del P.P. no tiene límites, ni tan siquiera los de su presunto patriotismo.
Pero así está el tema, con los palos del sombrajo cediendo en las movedizas arenas de la mal asentada sucesión de Aznar y de toda la crispación y sectarismo artificial, innecesrio e interesadamente creados desde entonces.
Nunca, ni en mis sus mejores sueños, imaginó ZP una salida similar. ¿Será este impávido un hombre suertudo?
Aunque alguno de los sufridos y escasos lectores que nos visitan pudiere enojarse, no tengo más opción, para centrar mi reflexión, que confesarme asiduo viajero a nuestro vecino país, a Portugal, y más concretamente a Lisboa. A quien no le agrade este hecho, y para su satisfacción, le aclararé que siempre ha sido por motivos profesionales y costeado a cargo de los gastos generales de mi empresa, epígrafe de viajes y de representación, por lo que no es merecimiento de la menguada capacidad de mi bolsillo ni del roto abismal que parece allí holgar como en descansado y placentero ecosistema.
Los portugueses están divididos en dos evidentes y totalmente diferenciadas clases sociales: la minoría pudiente, heredera del hidalguismo, extraordinariamente preparada, afables, extremadamente educados como caballeros al antiguo uso, dominadores de, al menos, tres lenguas (el castellano y el inglés siempre incluidos) e instalados de modo permanente en los centros de decisión y puestos claves empresariales y políticos... Y el resto.
Estos últimos portugueses mantienen una desconfianza histórica hacia todo lo español, como unos vascos o catalanes más. Pero lo cierto es que paseas por Lisboa y sientes la familiaridad del ambiente de cualquier lugar de nuestra tierra, de una ciudad media española: comercios, bancos, aseguradoras, compañías de todo tipo cuyos nombres, productos y servicios nos son absolutamente conocidos y habituales. Y escuchas hablar español constantemente. Es decir, completa colonización económica por nuestra parte.
Desde la primera visita sentí un profundo desasosiego y un sentimiento de cierta descortesía: era incapaz de dirigir tres frases correctas en portugués a mis interlocutores locales. Ellos, a cambio, se ufanaban de hablar "portuñol" que consiste, básicamente, en hablar portugués lentamente, abriendo forzadamente el acento, a fin de facilitar así la comprensión de su idioma tan próximo y con raíces únicas y comunes al nuestro. La Junta de Extremadura dice regalar un curso de portugués que intenté en vano obtener en su página oficial de Internet para paliar esa deficiencia mía. Mandé avisos múltiples de ruptura o mal funcionamiento del mismo obteniendo la clásica respuesta de cualquier administración: silencio completo y eterno.
Los españoles vivimos con indiferencia y mostrando las anchas espaldas a nuestros semejantes fronterizos con los que, sin embargo, compartimos siglos de historia. Y, peor todavía, los ignoramos: nótese la nula repercusión de sus recientes elecciones presidenciales. Desafortunadamente no se preparan pócimas mágicas para sanar de inmediato esos estragos seculares.
Portugal está inmerso en una profunda depresión económica cuyas causas evidentes creo reconocer. Y hay una hablilla malamente digerida por la mayoría de los portugueses según la cual sus males se remediarían si España se anexionara -por consentida voluntad de ellos- los territorios limítrofes como un estado asociado más de la España transversal. (Por cierto: siendo tan rico y preciso el castellano, qué carajo se quiere significar con ese sintagma).
Ahora que España se descuajeringa, según los agoreros que dan interesado pábulo a los separatistas, hay quien desearía unirse a nosotros: ¡qué cosas!
Conocí someramente al ínclito alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote, hace unos años en Mallorca. Me lo presentaron por el interés que tenía yo en un negocio que la empresa para la que entonces trabajaba quería poner en marcha y que necesitaba la concurrencia de los ayuntamientos.
En aquella breve charla ya me hice composición de cómo se comportaba el pájaro y cuáles eran sus ardides en asuntos políticos: populachero, demagogo, artificiosamente simpático, con semblante más de listillo que de inteligente, la mirada rápida e interesada... En fin, todo un elemento.
Nada más supe de él o no me interesó informarme durante el tiempo transcurrido hasta que aparecieron por toda la región de Castilla, pagadas con dinero público, las pancartas y carteles que robaron la frase de D. Miguel de Unamuno:
venceréis pero no convenceréis. Todo un sarcasmo si se conoce el origen de las palabras del filósofo y escritor y ante qué auditorio las pronunció.
Ahora ha dado un espectáculo cómico - taurino - musical con el
vano y pueblerino acto de tratar de impedir la salida de los documentos de la guerra civil custodiados en los archivos salmantinos.
Sinceramente, no tengo opinión de la justicia o inexactitud de la ley que obliga al traslado. Es más: con los medios reprográficos que hoy existen no veo qué obstáculo hay para calcar los papeles y tener los originales en un sitio u otro, donde corresponda. Pero como siempre, estos muchachos del P.P. toman el rábano por las hojas y alimentan la alimaña política que adoba el asunto aduciendo que es una concesión más a Esquerra Republicana de Catalunya, aunque probablemente así sea.
Haría bien el alcalde en continuar dedicándose al cuidado de la preciosa y espléndida ciudad que gobierna: ha mejorado tanto en estos años que supongo será la razón auténtica de la permanencia de Lanzarote al frente de la corporación municipal. Pero entiendo que su afán de notoriedad y sus ambiciones políticas lo llevan por el sendero de la demagogia y del escándalo para mayor gloria de su carrera personal.
Así nos va a los administrados.
En tiempos del dictador Franco repetíamos un chascarrillo sobre un discurso apócrifo, atribuido al tirano, que rezaba más o menos así (para mayor verosimilitud, entónese con aflautada voz de castrado):
- Ayer (refiriéndose a la época de la II República), nuestras mujeres mendigaban por las calles con sus cuerpos. Hoy, esas mujeres pueden ser las madres de nuestros Ministros...
Evidentemente era ocurrencia de rojos, masones, vagos, maleantes y otra gente de malvivir. Los adláteres del régimen nombraban también entre el ramillete de indeseables a los judíos. Pero yo no coincidí con ninguno que se confesara o no disimulara esa condición hasta después de bien enterrado el opresor. Y, sinceramente, no me contagiaron ningún padecimiento.
Si el chistecillo lo hubiéramos contado en presencia de guardias, policías o militares de graduación de aquel tiempo con seguridad nos hubiéramos visto inmersos en juicio sumarísimo y nuestros huesos padeciendo las cárceles franquistas. Y eso -año arriba, año abajo- le va a suceder al redactor del diario catalán Avui que escribió aquello de que los militares se trasladen a Cataluña sin sus madres porque allí está prohibida la prostitución. ¡Qué falta de sentido del humor... como
Carod Rovira dice!
Los
mismos plazos le van a caer al etarra Otegui si alguien no lo remedia y si, como se avecina, finalmente celebran su pregonado congreso. Pero, en cambio, éste no tiene ninguna gracia; ni su actitud ni lo que dice ni como lo expresa.
No dejo de reconocer lo que todos pensamos: algo se está moviendo y hay trato o truco entre el gobierno y la banda de asesinos y sus marionetas. Y eso, excepto para los señores del P.P., no está mal si sirve para finalizar la triste historia del terror en España (con perdón).
Mientras tanto,
un militar ya habla de poner a su compañía ante el Ministerio de Defensa como manifestación del malestar que hay en el ejército y en otros estamentos de la nación.
¡Vaya lío, ZP!
El mayor inconveniente de comentar el último insulto a ZP por parte de un miembro, votante, amigo o simpatizante del partido aznarista es que corres el riesgo de quedar obsoleto mientras lo redactas. Así que, muy a pesar de caer en la caducidad del tema, diré que comprendo muy bien las frases que el senador por Alianza Popular
señor Benet le ha dedicado al presidente del gobierno comprándolo con
Pavía y
Tejero. Y me pregunto por qué no lo hizo también con el
golpista Francisco Franco: ¿tal vez una transitoria laguna mental o quizás cultural se lo impidió? En todo caso no creo que ninguno de los tres personajes mencionados ostente, simultáneamente, el grado de tonto de baba por lo que el parangón me confunde.
Lo cierto es que la primera vez que durante nuestros procesos electorales democráticos oí - espantado y sorprendido- el término "pucherazo" fue de boca del parlamentario popular Sr. Arenas, hoy desaparecido en combate e imagino que ejerciendo su auténtica vocación de señorito andaluz. Vino como consecuencia de los inoportunos (para ellos) resultados de las elecciones generales de 1993 en las que ya se frotaban las manos y los bolsillos pensando en ganarlas. Pero el mago González volvió a derrotarles a pesar de la
confabulación de Anita (Botella) y sus tres mamporreros: Anson, Pedro J. Calvorota y el fallecido Antonio Herrero.
Aquel episodio inauguró el estado de la crispación, del odio y del enfrentamiento, y como finamente obtuvieron la victoria en los siguientes comicios hoy están aplicando la misma táctica con el afán de recoger idéntico desenlace. Pero va a ser que no: las encuestas lo confirman y, además, no hay muertos con mis impuestos ni latrocinios a mis dineros como sucedió entonces.
He escuchado que los populares han solicitado una urgente rectificación a su senador pero, en el fondo, todos (ellos y nosotros) sabemos que lo harán con la boca pequeña: tienen la sensación de que los imbéciles votantes y Prisa les dejamos descompuesto el ademán de modo inmerecido. Ellos nunca mienten, solamente daban la veraz información que sus esbirros les proporcionaban. Y pensaron que gobernaría otros cuarenta años, como su sanguinario inspirador.
Cada vez tengo más acendrada la idea de que nunca han sido demócratas.
P.D. A lo dicho: no termino de redactar el articulillo y ahí está
otro senador de Falange Auténtica del P.P. corroborando el asunto. ¡Qué país!
El catalán y las sevillanas
No adivino exactamente por qué se ha montado el lío de la comparación del catalán con las sevillanas (el soso baile, claro, no las preciosas aborígenes de la ciudad) pero yo me confieso analfabeto integral o funcional o como políticamente sea correcto en lo segundo y superficial conocedor del idioma de Esplá por aquello de que parlo català com un valencià i semblo castellà. Todo ello en la intimidad, por supuesto.
El caso es que algún alto funcionario de la judicatura nombrado, evidentemente, por el partido aznarista de Alianza Popular y de las JONS ha puesto en la balanza ambas destrezas y parece que a todos ha ofendido: a los unos porque atenta contra su identidad nacional y a los otros por tildar de carpetovetónica la danza de marras.
Cualquier pretexto, el más nimio, nos sirve para lucir nuestra sempiterna mala leche, nuestra condición de pueblo eternamente cabreado, y más ahora que vuelve la crispación en sus peores y más agudas manifestaciones.
Al catalán, como idioma, le tengo todo el respeto que se merece cualquier lengua materna: es la que te susurra tu madre desde el vientre hasta para calmar tus infantiles desasosiegos mientras creces y con naturalidad la asimilas desde su boca. Pero no con más miramientos que al maltés, al tagalo o al guaraní. A las sevillanas y a otras demostraciones sindicales, localistas y folclóricas, pues paso.
Lo que tengo diáfano es que si los avatares del oficio me confinaran en Cataluña, matricularía a mis hijos en un colegio británico o irlandés antes de que perdieran su tiempo, su esfuerzo y mi dinero en aprender algo accesorio, inútil y que está bien como adorno a la segunda lengua extranjera que hoy es preciso dominar. Vamos, al igual que conocer los buenos modales o las reglas de urbanidad y la práctica del esquí acuático.
En fin, que su ilustrísima del partido aznarista podrá haber errado en cómo lo dijo pero no en lo que quiso decir.
Lástima que el tinglado lo haya montado uno del P.P., porque si hubiera sido al contrario Zapatero sería a estas horas reo de lesa infamia.
Mañana me ocuparé del aprendiz de D' Artacan de pacotilla conocido como Martínez Pujalte si antes sus señorías no me abastecen de argumentos más burlones y excitantes, que muy probablemente lo harán.
Recuerdo muy cercanamente la época de los años 80 del siglo pasado en los que durante los fines de semana solía frecuentar restaurantes, locales de moda y salas de fiesta de manera muy regular acompañado siempre por mi señora y por otras parejas de conocidos o algunos amiguetes de ocasión y conveniencia.
En aquellos tiempos todos mis allegados que residían fuera de Madrid me asediaban acerca de la seguridad ciudadana, de los constantes atracos y robos a los que, aparentemente, nos veíamos sometidos, y mi respuesta siempre era la misma, ajustada fielmente a la verdad: en Madrid a mí no me pasaba nada.
Ahora, de nuevo, un hermano que habita eventualmente en Salamanca y debe trasladarse a la capital ha sido mal informado de que en la Villa y Corte todo se arregla a balazos y a cuchilladas.
Yo creo que, al igual que entonces, esa propaganda forma parte de una estrategia bien diseñada y difundida por los voceros de la derecha y por la derecha misma: sin ellos no existe ni el orden ni la salvación.
Bien puede suceder -como la historia nos recuerda- que en el Aldehüela de Periañez o en la Almunia de Doña Godina, por un quítame allá esa linde o porque la burra se ha meado en mi cacho, un iluminado paranoico cargue su fusil y se líe a escopetazos con todo lo que por los alrededores se mueva. En ese caso, tan frecuente como los sucedidos de Madrid, la raíz del problema se identificaría en la tramontana, en el cierzo o a causa de la luna llena. Nada que reprochar a la inmigración o a la presión social de una ciudad socialmente mal estructurada, como cualquier metrópolis.
Mas para la derecha todo tendrá su justificación: Zapatero provoca esos estados de demencia que desembocan en la tragedia.
Para ellos sigue siendo válido lo que se decía en el franquismo: 40 años de paz... Sí, pero la paz de los cementerios.
Uno va deambulando por el camino de la vida con la impronta de la inocencia, la ingenuidad del infante que se negó a madurar, la buena fe y el candor de los recién llegados. Y, claro, asume que los demás circulan por la misma transitada senda.
Uno asume que es demócrata, que vive en democracia en un país bajo esa norma de convivencia, y piensa que todo lo demás y todos los prójimos cercanos o lejanos se comportan de acuerdo con esos principios básicos porque es sabia común y acendrada convicción en uno mismo.
En definitiva: uno (es un hablar: o sea, yo mismo) es gilipollas.
Basta con que un generalito del mal pagado ejército español (con perdón) diga arre para que el P.P. , sus votantes, simpatizantes y gente de la misma catadura diga:
- Eso, golpe militar y se acabó el problema.
¡Qué infamia!
Pero siempre, en toda ocasión y evento, hay algo positivo: han enseñado la patita, se les ha visto el plumero. Y desde el portavoz al portacoz no enmiendan sino que ratifican.
Pues nada, ya está claro: la mitad del país es golpista y totalitaria.
¿Les seguirán votando...? Pues va a ser que sí.
En el fondo, en lo más profundo de sus sentimientos, si pudieran volver al juicio sumarísimo y a la ley de fugas, fusilados todos los que no comulgamos en misa de doce con ellos.

Festejos y críticas ante el pago adelantado de Argentina al FMI
(extraído de prensa)
La decisión del gobierno argentino de cancelar la deuda total con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no tendrá efectos en la economía doméstica en el corto plazo pero podría traerle varios dolores de cabeza al país cuando necesite acudir a los mercados internacionales para financiarse.
Argentina canceló el martes su deuda total con el FMI por 9.530 millones de dólares a través de 6.656 millones de Derechos Especiales de Giro, una unidad monetaria que el FMI elabora a partir de una canasta que incluye el dólar, el euro, la libra esterlina y el yen.
Para realizar el pago el país utilizó casi un tercio de las reservas del Banco Central, que alcanzaban a 28.045 millones de dólares.
A cambio de las reservas, el Banco Central recibió una letra intransferible en dólares a 10 años de plazo.
El presidente Néstor Kirchner, que desde que asumió el poder en 2003 ha acusado varias veces al FMI de promover las políticas que llevaron a Argentina a la crisis de 2001, defendió la decisión de cancelar la deuda con el organismo alegando que le permitirá al país definir con libertad su política económica.
Pero la medida es vista con recelo por el mercado internacional que teme que, sin la supervisión del Fondo, Argentina tome medidas poco ortodoxas como aumentar el gasto o negarse a adoptar una política monetaria más dura.
"Desde el punto de vista político es una medida bien aceptada por la población, pero desde el plano económico es una estrategia riesgosa. De hecho el riesgo argentino aumentó unos 15 puntos básicos desde que se anunció esta decisión, en comparación con otros países emergentes donde el riesgo no creció e incluso bajó", según algunos analistas.
Argentina, que a fines de 2001 declaró el mayor cese de pagos de la historia, adeuda aún más de 100.000 millones de dólares a acreedores privados y públicos, debe sentarse a renegociar con los que rechazaron el canje de deuda --que poseen unos 20.000 millones de dólares en títulos incumplidos-- y necesita inversiones para mantener su crecimiento.
Ahí es donde el efecto del pago al FMI se sentirá con fuerza, según los analistas.
"En el mediano plazo Argentina va a necesitar volver a los mercados financieros y ahí estará el gran desafío: si podrá volver sin pagar costos excesivos por no tener el tutelaje del FMI", dijo Ber .
"El mercado internacional la ha visto como una medida riesgosa por lo que, si Argentina necesita recurrir al mercado para financiarse, va a tener que pagar mayores tasas de interés"
El argentino Claudio Loser, ex director del departamento para el Hemisferio Occidental del FMI, consideró apresurada la decisión.
"A la larga había que pagar, el tema es si se tenía que hacer ahora, apuradamente... La Argentina queda en una posición más vulnerable", dijo a un canal de televisión local.
"Por un lado se reduce la deuda, pero por otro lado se reduce la reserva", advirtió.
Eduardo Blasco, economista de la consultora Maxinver, anticipó, sin embargo, que "las reservas que quedan, algo así como el 10% del PBI (Producto Bruto Interno), son aceptables. El país no va a tardar en recuperarlas".
La cancelación de la deuda había sido anunciada por Kirchner el 15 de diciembre, apenas dos días después de que Brasil hiciera lo propio con su deuda de 15.500 millones de dólares.
En ese momento, la deuda sumaba 9.810 millones de dólares.
El gobierno estima que el país se ahorrará casi mil millones de dólares en intereses, y a cambio ganará libertad para administrar su política económica que acumuló tres años de fuerte crecimiento, y podrá sentirse libre de las presiones del FMI para aumentar las tarifas de los servicios, entre otros temas muy fuertes.
''En el mercado internacional, la decisión de Argentina fue recibida con una dosis de escepticismo por temor a que la eliminación de la auditoría permanente del FMI implique medidas populistas''.
Pero éste es sólo un punto de vista, ya que en varios lugares hubo festejos e incluso en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, se lanzaron globos y se hicieron celebraciones.
Por derecha y por izquierda hay críticas. El derechista gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, calificó de ''golpe de Estado contras las instituciones democráticas'' esta cancelación de la deuda, y sostuvo que esta iniciativa es un asalto contra el Congreso (...), contra la independencia del Banco Central y ''contra cada uno de los ciudadanos''. Sobisch, defensor a ultranza del proyecto neoliberal de los 90, tomó posiciones similares a sectores de izquierda.
Además hubo protestas de varios movimientos que se integraron para luchar contra el pago de una deuda judicialmente declarada ''inmoral e ilegal'', e incluso un grupo de personalidades políticas, religiosas y de derechos humanos, encabezadas por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, presentó en días pasados una denuncia penal contra este pago.
Sin embargo, funcionarios gubernamentales explicaron que era una medida ''realista'' ante el desgaste que significa para un gobierno el monitoreo y la presión constante del FMI, que impide ir a fondo en soluciones urgentes para el país, entre otras situaciones. Como una ''liberación'' para unos y un ''entreguismo'' para otros, lo cierto es que, como alguien dijo, hoy fue el ''día marcado'' y a corto plazo se verán los resultados.
¿Y ahora qué? EEUU y la UE a través del FMI, perdiendo poder en Sudamérica , en donde a la alianza de Venezuela, Cuba y Bolivia , se le une el Mercosur y hasta la mísmisima Colombia. 20 años de políticas liberales del FMI que no han satisfecho apenas ninguno de los compromisos que se les exijian ni que reclamaban sus afectados. El contexto mundial en sudamérica esta cambiando , la globalización se regionaliza , los centros de poder vigentes , perderán poder. ¿Sabremos adaptarnos al cambio?¿Podremos? Espero que sí , por la cuenta que nos tiene.
MUERA LA INTELIGENCIA.Yo creo que poco más se puede decir.Sería una perdida de tiempo realizar pleonasmos.
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