puedo prometer y prometo

30 de Mayo de 2007

Por qué me gustan los toros

Archivado en: General — D@vid @ 9:53 pm

Tengo afición cogida al encierro de toros porque desde niño los he visto criar en las dehesas, correr, sosegarse, pelarse y pacer en el campo. Conducirlos con resolutos caballos y sus orgullosos jinetes a través del monte hasta las calles que desembocan en los chiqueros de la plaza. Meterlos en corrales donde apaciguan sus nervios, y mirarlos, observarlos antes de su salida al albero para porfiar por su casta, su comportamiento, su bravura y su trapío.

Los he visto traer en caminones, desencajonar, hozar los barros, seguir a los mansos bueyes, asustados e inocentes.

He contemplado estocadas imposibles que me permiten intuir la colocación del acero antes de que el matador la hunda o la aleje de los rubios o la hinque hasta el corbejón. He observado, pingado en las muros altos del coso, a un banderillero colocar los rehiletes en el ruedo por quedarse sin toro en el embroque.

En fin: catedrático con estudios prácticos.

Más tarde llegaron Las Ventas del Espíritu Santo y toda su solemnidad, la liturgia. También los devaneos, el mujerío y la importancia de estar.

Pero me gustan las corridas de toros por muchas más razones. En la plaza hoy, y por siempre, se fuman sin permiso ministerial pitillos, cigarros, porros y hasta grandes vegueros; se beben alcoholes y combinaciones de altísima graducación; se celebran enormes merendolas para trágalas sin fondo y señoritas aseadas. Y se refocila sin ayuntarse porque no se proporciona con el valor del boleto discreto lecho o ara donde yacer. No obstante, se juega al calentamiento que luego, si la corrida lo justifica, ayuda a la consumación del acto.

Admiro los toros porque es el único lugar donde la puntualidad se respeta, sean indolentes funcionarios, autoridades principales, guardias civiles, banda municipal o jóvenes meretrices. Siempre me entusiasmó la democrarcia y el poder del pañuelo soberano en el recinto.

Apenas tengo inventario de incidente alguno. Ninguno en mis aledaños, y menos que yo los propusiera, aunque sí hondas disputas acerca de un pase, un metisaca, el encaste de un toro o el valor de un pinchazo sin soltar.

Y me gustan porque nunca he visto a presidentes de gobierno por allí.

One Response to “Por qué me gustan los toros”

  1. adiskide Says:

    Sin quitarle el supuesto valor , negocio y belleza de los mismos…nunca estaremos de acuerdo con respecto a los toros.

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