¡A por ellos!
He contemplado estos días, no sin cierta sorna y agrura, las conmemoraciones y actos solemnes que en torno al trigésimo aniversario de la transición han celebrado políticos y medios de comunicación. Es decir, los que se arrogan el protagonismo de aquellos complejos años cuando, en verdad, lo fuimos la gente de la calle, obreros, empleados, estudiantes, personas anónimas que dejaron sus vidas por los balazos o los escopetazos de goma propinados por las fuerzas fascistas, las de uniforme y las otras. Esos son los hechos reales que nadie contará. Pero nada importa.
A la vista de todo este espectáculo cómico - taurino – musical al que han faltado Charlotín Aznar y el sobresaliente Felipe (andarían en mejores industrias, cuidando sus viñas de euro millones) me han asaltado furiosamente algunas reflexiones.
Lo primero es que la gloriosa y ensalzada transición se hizo, exactamente, como se pudo. De ningún modo como se quiso. Que no hubo un plan determinado y resultó todo fruto de la más simple improvisación insuflada por el viento del este o del oeste, según soplaran los ruidos de los sables, de los hisopos y de las cajas blindadas de los dineros que amparaban a ambos.
Que las reformas, y también la sacrosanta Constitución, se quedaron cortas, resultaron insuficientes y melifluas vistos los resultados. En fin, una pequeña debacle de la que estaremos pagando los réditos un par de generaciones hasta que alguien, con los cojones suficientes, reponga el estado natural de las cosas.
Y sirva como paradigma de lo que afirmo la campaña que desde hace tres años tienen orquestada los de la banda sectaria católica, partida de pajilleros, pederastas pervertidores, fundamentalistas totalitarios y parásitos de la sociedad que, escudados tras un acuerdo anticonstitucional, se benefician de mis impuestos y de una situación de privilegio incompresible e inaceptable en el siglo XXI. Y luego dicen de la izquierda nacionalista vasca… Pues lo mismo, con el PP de palmeros o al revés, que tanto monta monta tanto.
La Iglesia no puede, de ningún modo, seguir desafiando al estado y al gobierno legítimamente constituido: les falta publicar un manifiesto declarando la cruzada contra los socialista, contra las instituciones democráticas y pasear a Aznar, Anita y Pedro J., el señor de la lluvia dorada, bajo palio. Si los hubiéramos borrado del cuaderno de la democracia, otra lectura sería hoy posible.
¿Y dónde andamos los demócratas mientras ellos toman y nos usurpan impunemente las calles, las aulas, los indefedensos cerebros infantiles, los medios de comunicación o más bien de agitación y, por supuesto, las subvenciones estatales? ¿En qué empleamos nuestro tiempo libre?
Coño: ¡a por ellos, oe, a por ellos, oe, a por ellos oe, a por ellos, eo, e!

