puedo prometer y prometo

22 de Diciembre de 2007

Días de radio

Archivado en: Recuerdos — D@vid @ 10:01 pm

Abultaba yo lo que un mico de cinco o seis años, nacido en el que desapareció la cartilla de racionamiento y criado con biberones de Pelargón en lugar del pecho materno. Como suplemento para evitar el raquitismo o la hambruna, algunos botes de rica leche en polvo (el único rastro del Plan Marshall que otorgaron los americanos a los súbditos de la dictadura fascista) a pesar de lo cual mis huesos simulaban barbacanas empujando a una piel magra debido a las recurrentes amigdalitis que me asolaban semana sí y quincena también.

Aparte del cine -al que, si se terciaba, le dedicaba las tardes enteras de los domingos (algunos de ellos entrando hasta a tres sesiones económicas en salas diferentes)- la radio protagonizaba el entretenimiento supremo de los hogares, sobre todo en los heladores y eternos inviernos de mi infancia. Y uno de los grandes acontecimientos era la retransmisión de programas en directo a los que asistía el público libremente y en los que se hacían concursos, tanto para las personas presentes en el estudio como para participar por teléfono.

Una noche de sábado descendimos sin permiso a la sala de estar, desde los dormitorios, mis hermanos mayores y yo para escuchar el programa estrella de la emisora local al que sabíamos que nuestros padres habían acudido.

El locutor convocó al personal para ver quién era capaz de recitar de memoria las primeras cinco o seis frases de El Quijote, y tras un par de intentos fallidos de algunos voluntarios distinguimos la voz de nuestro padre salmodiando con seguridad el comienzo de la universal obra de Cervantes.

El concurso debió reportarle unas cuantas pesetas de la época, todo un dineral por nada, pero sobre todo motivo de alegría y glosa de los parroquianos y familiares que alabaron la gran cultura de nuestro progenitor, maestro republicano represaliado por las hordas franquistas.

Radio Juventud de Soria retransmitía desde los altos del hermosísimo Palacio de Los Condes de Gómara (hoy felizmente recuperado para más nobles menesteres) donde convivían en total batiburrillo, fruto del más absoluto desprecio por la cultura en la época, desde el cine Proyecciones y el Hogar de la O.J.E. hasta un bar y una estación de autobuses al otro lado del imponente torreón del homenaje. El salón donde se producían los programas cara al público era un remedo de teatrillo con unas cuantas filas de asientos mullidos y cómodos, tapizados en verde, desde donde se podía contemplar la sala de control protegida por una sólida cristalera, y un escenario, con un piano de semicola a la izquierda, al que se accedía desde el patio de butacas subiendo tres o cuatro escalones movibles de madera desgastada.

También los más pequeños gozábamos de nuestro momento y, así, los domingos en sesión matinal daban la función del programa infantil El Mago Piruetas que oficiaba un fulano de la Falange disfrazado con sayón azulado, blancas barbas postizas y un capirote a juego adornado con estrellas mal cosidas a mano al que ayudaba en la presentación un familiar político de una tía nuestra, bautizado a mala uva como Saturio por nombre de pila.

Un día, después de la quijotesca intervención de mi padre, estaba yo en el salón de la radio cuando pidieron a los niños que subieran a contar un chiste a cambio de algún premio. Inmediatamente me acordé de uno que se decía repetidamente en nuestro negocio familiar (una librería) y que producía gran regocijo a quienes lo escuchaban sin que yo realmente hubiera atisbado la agudeza del asunto. Así que, para tratar de emular a mi padre, alcé sin titubear el brazo y, alcanzado el tablado, me respingué al micrófono para contarlo:

“Va Franco a ver al Papa y le dice:

- ¡Ay, Pío, Pío, Pío…!

Y el Papa le responde:

- Anda, no píes tanto que buen pájaro estás tú hecho.”

El familiar de mi tía trató brutalmente de taparme la boca pero el chascarrillo había volado ya por todo el éter soriano. Y el Mago Piruetas, descompuesto y a punto de rodar la caperuza estrellada por los suelos, se quedó con la bolsa de caramelos que en ley me correspondía por la perspicacia de mi ingenio.

Hay que situar los hechos en la España de finales de los cincuenta (plena posguerra a pesar de todo el tiempo que había transcurrido) y que mi padre era un “rojo”: cárcel segura por educar así a su vástago, sin respeto a su Excelencia el Jefe del Estado y General superlativo de todos los ejércitos, ni a su Santidad Pío XII, personaje que en sus ratos de ocio había bendecido los tanques y los avioncicos asesinos del fascio.

No sé qué mano me guió de vuelta, y el tumulto y barullo posterior fueron de carácter trágico. Y lo peor era la incomprensión y el aturdimiento que aquello me provocaba: me sentía absolutamente incapaz de asimilar la situación ni qué tan grave mal había yo infringido por duplicar lo que tan jocundo resultaba a los mayores.

Antes de la hora de comer apareció vociferante un preboste local del falangismo rampante, casado con una prima carnal, a pedirme explicaciones y tratar de reprenderme y fustigarme… ¡a una criatura de cinco años!

Recuerdo que me escondí y me encerré por dentro en una especie de leñera o carbonera que había en la cocina hasta que la marabunta fascista abandonó mi casa. No debió transcurrir demasiado tiempo pero fue el suficiente para decidir firmemente mi desprecio por siempre hacia aquella gentuza y lo que representaban.

Que yo sepa ninguna repercusión fatal afectó a mis progenitores mas yo aprendí de manera indeleble lo que significa temer al miedo, sin otra causa.

18 Responses to “Días de radio”

  1. Pluskys Says:

    Bonita historia. Ahora sé de qué árbol, salió el palo, del que salieron las astillas que hoy se clavan por la blogosfera. Supongo que fue duro e incluso frustrante, ser maestro y librero en épocas del fascio.

  2. D@vid Says:

    Pluskys: para mi padre, seguro. Sobre todo porque le privaron de sus legítimos derechos. Pero para nosotros era el paraíso de libros, revistas, cuentos, cromos,bolis, pinturas, plumas… todos gratis…

    Y la astilla ha salido de buena madera, aventajada, digamos que es boj salvaje.

  3. lamaladelapelicula Says:

    Qué bueno, parece sacado de un libro del señor MuñozMolina

    :)

  4. D@vid Says:

    Gracias, maja, pero ya me gustaría a mí, ya te digo, tener la mitad de talento que D. Antonio

  5. Ariadna Says:

    Aquí la precaria, jajaja

    Efectivamente, con el horario de trabajo que tengo, poco tiempo me queda para entrar a visitaros y comentaros, llego a casa tarde después de pasar todo el día fuera y con ganas sólo de cenar e irme a dormir… Pero os sigo leyendo, aunque no comente.

    El otro día en la comida (estábamos en Golmayo) le pregunté a mi padre si había leído tu último escrito. Le dije de qué iba y nos estuvo contando la historia completa (te han faltado algunos detalles, jajaja) Qué risa!! Y ayer el tio Roberto sacó tu relato impreso en papel, se asombra de tu memoria…

    ¡Felices fiestas desde Soria!

  6. D@vid Says:

    Coño, pues dile a tu papi que me refresque la memoria a ver si es que yo no estaba allí…

    Y eso de trabajar, pues es lo que tiene, que te jode todo lo demás.

  7. Julián Says:

    Bien, la historia comienza con el afán de notoriedad del que padecías a los seis años recién cumplidos y las ganas tremendas de los regalos del “Piruetas”. Había que ir los jueves a la EMISORA para retirar las dos entradas, que las daban con el cupón de la revista CAR (Cadena Azul de Radiodifusión) o en su defecto, con el enchufe pertinente del que alguna vez gozábamos por la contra-parentela del Saturio. Como esto no era mucho inconveniente, lo de las entradas, nosotros podíamos acceder al saloncito de actos prácticamente todos los domingos. Las actuaciones que no constaban en el programa las sorteaban sacando número de fila y butaca. Con la esperanza de que te tocara y previniendo la posible actuación como cantar no sabías, recitar no entraba en tus planes y otras artes no se especificaban pues habías decidido contar un chiste. Alguien, dada tu corta edad, te contó ese de en que se parece un mono a un elefante.
    Pues en que ninguno de los dos pueden subir a un árbol.
    Pero…Si los monos si suben a los árboles.
    Es que el que yo digo estaba muerto.
    Con el hiciste una estadística entre los clientes y amigos, comprobando que no hacía gracia, y oyendo por el camino el de Franco, que a la sazón en esa época si era gracioso.
    Salió la fila y butaca que ocupaba yo y corriste raudo al estrado. Cuando comenzaste a contar : “Va una vez Franco a visitar… el Saturio que era el gracioso oficial de Soria y que se sabía el chiste, empezó a hacer señas al control para que cortaran, pero estaban en otra cosa y no se daban cuenta, trató de quitarte del micrófono mientras seguías ¡Ay Pio, Pio! pero te habías agarrado con las dos manos a él desde la silla a la que te incorporaron para que llegaras, lo intentó de nuevo y fuiste al suelo con silla y micro, pero sin soltar y terminando: Anda no pies tanto que buen pájaro estás tu hecho.
    Como el desaguisado ya estaba en el aire de Soria el Saturio te preguntó que quien te había contado ese chiste, y contestaste que tu mamá.
    Ese mismo día por la mañana ya hubo gente que vino a la tienda a decirle a la Maruja que qué chistes le contaba al niño con el consiguiente recochineo, y como cuentas el Paredes al día siguiente pues eso.
    El Mago Piruetas era un Mozas apodado “El Copa”, te puedes suponer por qué. El Hada era la hija de Don Paco, que se casó con Roberto locutor en otros programas, como el de “Hondas de Media Noche” que compartía con “Sigi” que se casó con una Pita.
    Y esa es sucintamente la historia completa.
    Los recuerdos del mobiliario y lo demás está muy bien.

  8. D@vid Says:

    O sea, es un decir: te arranqué el protagonismo que te correspondía… Mira cómo era yo ya de pequeño.

    Manda huevos que me acuerde del mobiliario y no de lo principal, de la historia… será así, no voy yo a reconvenir a un hermano mayor.

    Y a más a más, como dicen los italianos: si non e vero e ben trovato. Y me alivio de las caídas de banqueta (no de la silla, otra vez el mobiliario) y del afán de notoriedad y todo eso: ¿se puede padecer ese síndrome a los seis años? Pero bueno, en todo caso yo ya sabía recitar, cantar, disertar, imitar a un saltimbanqui, hacer muecas y momos y escarnios, y hasta bailar claqué aunque lo tenía escondido para no apabullar a mis semejantes. Y mira cómo me ha ido con tantas virtudes adornándome: he pasado de la nada a la más absoluta de las miserias.

    Y el programa era ONDAS de Media Noche. De eso es de lo único que sí estoy completamente seguro.

  9. Julián Says:

    Sí, la H de “Hondas” está de más… ¡qué burro!

  10. D@vid Says:

    Jojojo, al mejor escribano se le escapa un borrón, no pasa nada.

  11. D@vid Says:

    Ah, y otra cosa: ya que no se me permiten licencias de la memoria, diré que realmente el concurso en el que participó el padre consitía en comprobar quién era capaz de recitar de memoria más líneas del comienzo de El Quijote. Por ejemplo.

  12. adiskide Says:

    Va a ser tiempo de instalar la aplicaciòn del blog de escuchar los textos leídos…

  13. D@vid Says:

    Eso lo llevo yo pidiendo desde hace un año, pero el administrador anda en otras cosas más principales.

    ¿Andas por los madriles?

  14. adiskide Says:

    Kylla, aterrice hoy. Que mi cuerpo ya demanda su dosis de Luces, espectáculo, polvorones y consumo.

  15. Labuenadelapelícula Says:

    Cómo me hubiera gustado a mí haber podido conocer en condiciones al abuelo. Siempre he creído que es una de las lagunas más profundas de mi vida y que, lamentablemente, nunca podré llenarla.

    Pero estas cosas me ayudan a que en cierto modo pueda ver su esencia. Porque, aunque parezca todo lo contrario, yo creo que no hay esencia más pura que la de los recuerdos.

    Un besote.

  16. D@vid Says:

    Pichu: yo no conocí a ninguno de los míos. El abuelo materno se murió contando yo tres años más o menos por lo que los recuerdos son más aprendidos que vividos.

    Y, créeme, es la mayor envidia que niño alguno me produjo durante toda mi infancia: los afortunados que contaban cosas con sus abuelos.

    Y ése, el tuyo, era un personaje en todos los sentidos.

    En fin: that’s life.

  17. ale Says:

    ¿Y la tercera parte?

    Empezamos con el recuerdo, la trama la acompaña una buenísima discusión de hermanos que pudo haber sucedido hace 50 años exactamente de la misma forma, bueno, exactamente no, habría sido en vivo y en directo, por la radio o algo semejante, pero no creo que on-line…

    ¿Cómo continúa?

    Gracias por tan buenísimos relatos. Es un placer leer esto.

  18. david Says:

    Muchas gracias por tu amable y generoso comentario. Si urgas un poquito, encontrarás otras “perlas” de mi infancia no menos divertidas.

    Te cuento que esto es una familia completa de blogeros: pixelydixel (dixel es mi vástago mayor), la buena y la mala de la película (mis dos hijas y a cuál mejor escritora) y, por último el gamberro responsable de peoplefromboadilla, el segundo varón de esta estirpe de gente que solamente busca y encuentra placer en escribir, en imaginar, rememorar o reinventar los recuerdos.

    Visitaré tu blog y te comentaré.

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